Algo que ha quedado claro, es que quien debe tener la última palabra en un régimen democrático es la población, y debe ser la consulta popular el medio de legitimar cualquier iniciativa legislativa.
Aun cuando no todas las leyes pueden pasar por referéndum para ser aprobadas. Una reforma constitucional como se pretendía con la modificación de más de cincuenta artículos de la Constitución, que no es una mera enmienda sino un cambio significativo en el sistema constitucional del país, no puede pasar desapercibido y requiere que el pueblo exprese su sentir al respecto.
Los mecanismos constitucionales de consulta no solo son medios de democracia directa sino una forma aliviar la presión social que debido a la constante indiferencias de las demandas de la población tienda a convertirse en actos de violencia. Además de investir de legitimidad a la propuesta legislativa, nos permite tomarle el pulso a la opinión pública.
Por lo que, lo decidido en el pleno del Congreso de pasar a consulta mediante referéndum la reforma constitucional para su aprobación y entrada en vigencia nos da la esperanza que al final la voluntad popular se impondrá.
Aunque los medios de comunicación, los grupos de poder económico y la clase política parasitaria este en contra del bienestar general del país y solo pretendan satisfacer sus propios intereses.
Estoy convencido que solo la población organizada que con rigor vote a conciencia en este referéndum enviará un claro mensaje a sus representantes de que no se puede legislar de espaldas al pueblo.
Asimismo, las elecciones regionales y municipales también debe ser una muestra de ello, si no fuera porque el sistema electoral propicia el camaleonaje política de aquellos que pertenecen a una tienda política con altos índices de desaprobación, pero para mimetizarse postulan con una organización regional para camuflarse baja sus filas apareciendo como nuevos rostros, aunque siempre han estado bajo la sombra de esas oscuras organizaciones políticas.
Qué pasaría si la ley obligará que los partidos nacionales a que postulen con sus propios símbolos y no mediante agrupaciones regionales, la población que está cansada del patético escenario que se ve todos los días en el Congreso, haría sentir su voz de rechazo en las mesas de sufragio.
Y estoy seguro que aquellos partidos que dicen representar al pueblo obtendrían un mínimo voto del electorado.
Algunos partidos han decidido jugársela y participar en las contiendas electorales con sus símbolos nacionales y considero que es lo más adecuado sin camuflarse en organizaciones políticas regionales.
Así podremos ver más allá de las encuestas el grado de aprobación o desaprobación de la población de esos partidos políticos y como los pasivos de sus representantes les cobra la factura.



