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La corrupción política: es la compra de votos | Opinión

Mario Zenitagoya | Otra Mirada
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Recordemos que el fujimorismo ha adoptado esta práctica como su principal estrategia de campaña: llevar regalos a los pueblos jóvenes de Lima y otros lugares del Perú. Nos recuerda la estrategia de Alberto Fujimori para mantener la adhesión popular mediante regalos, característica de su época de fujimorato. Esto demuestra la desinformación de la ciudadanía y un delito presente en todas las campañas electorales que hemos soportado en el Perú: la corrupción de la voluntad electoral, tipificada en el artículo 356 del Código Penal, que sanciona con prisión a quien, mediante dádivas, ventajas o promesas, trata de inducir a un elector a no votar o votar en un sentido determinado.

La corrupción de la voluntad electoral está arraigada en la actividad política desde la formación de los partidos, quienes recurren a la compra de adhesiones mediante obsequios, hasta las campañas electorales, donde destinan gran parte de su presupuesto para regalar desde alimentos hasta artefactos eléctricos, con el fin de asegurar el voto popular.

Si revisamos las últimas campañas electorales, encontraremos que los candidatos más generosos han obtenido más votos. Es decir, a mayor corrupción de la voluntad electoral, mayor éxito del candidato, por no decir el más corrupto.

Este delito no cuestiona el origen de los fondos, sino el propósito de entregar regalos a los electores, que es condicionar su voluntad para votar a favor del candidato «generoso». En el Perú, ha habido una larga historia de manipulación de la voluntad electoral a través de estos métodos.

Hoy en día, este soborno a la conciencia social se presenta de manera más sofisticada, disfrazado de generosidad hacia los más necesitados, que lamentablemente constituyen la mayoría de la población. Esto se realiza mediante la distribución de regalos durante las campañas electorales, donde vemos a candidatos a todos los cargos públicos comportándose como Papá Noeles por todo el Perú, ante la indiferente mirada de los fiscales, quienes deberían iniciar investigaciones de oficio por estos actos delictivos y no lo hacen…

La razón por la cual los fiscales no inician estas investigaciones por iniciativa propia es el temor a represalias del poder político. Prefieren esperar a que alguien presente una denuncia, lo cual rara vez sucede debido a la desinformación de la ciudadanía sobre esta práctica delictiva.

Así, los peruanos asistiremos una vez más a elecciones impregnadas de corrupción política, donde aquel que tiene más oportunidades de ser elegido es quien puede regalar más y mejores cosas. El Congreso más cuestionado de la era republicana ha cumplido su papel corrupto.

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