InicioCOLUMNISTASLa crisis alimentaria y el privilegio del agricultor | Opinión

La crisis alimentaria y el privilegio del agricultor | Opinión

José Mallma | El diario de Polideo
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Para aquellos que son amantes de la ciencia ficción, la película “Vesper” no solo es una trama postapocalíptica que refleja los peligros del uso indiscriminado y sin control de la ingeniería genética o la biotecnología, que han modificado genéticamente las plantas y animales al punto de generar una crisis alimentaria mundial. En ese escenario se ahonda aún más la brecha entre las clases privilegiadas, con recursos para satisfacer sus necesidades, y quienes carecen de medios y están destinados a luchar para sobrevivir en un mundo cada vez más hostil, donde la naturaleza se ha vuelto contra el ser humano y donde es casi imposible cultivar sus propios alimentos, porque muchas plantas se han extinguido y otras son incapaces de germinar o reproducirse.

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Lo cual es una premonición de lo que podría ocurrir en las próximas décadas, si no regulamos adecuadamente las semillas genéticamente modificadas que son protegidas por patentes y/o variedades vegetales, que generan una barrera tecnológica y legal para los agricultores que no pueden utilizar las semillas de su propia cosecha para volver a sembrar. Esto ocurre porque algunas empresas han incorporado obsolescencia biológica programada en las semillas, que se manifiesta cuando estas se vuelven estériles después de la primera cosecha. Esto se logra con semillas híbridas genéticamente modificadas que producen una descendencia no fértil, lo que obliga a los agricultores a comprar nuevas semillas cada año.

A su vez, algunas semillas protegidas por patentes y/o variedades vegetales incorporan licencias restrictivas que impiden que los agricultores puedan volver a utilizarlas en la siguiente siembra, obligándolos nuevamente a adquirir productos cada año. Un ejemplo de ello es la empresa Monsanto, cuya estrategia cuestionada globalmente, consistía en diseñar semillas resistentes a herbicidas específicos, como el glifosato, producidos por la misma empresa. Esta práctica obliga a los agricultores a comprar nuevas semillas cada año, en lugar de usar las de la cosecha anterior.

Situación que está llevando al planeta a la escasez alimentaria de la mano del denominado “cártel de las semillas”. Según un reportaje emitido por el servicio público de noticias alemán Deutsche Welle (DW), “unas pocas empresas controlan el mercado mundial de las semillas, imponiendo así a los agricultores qué variedades plantar y cómo hacerlo”. Desde luego, ello tiene graves consecuencias no solo en la biodiversidad, sino en el futuro de la seguridad alimentaria de los países.

Frente a ello, las excepciones o limitaciones a los derechos del obtentor vegetal se presentan como una salvaguarda legítima de la sociedad frente al mercantilismo de las empresas a las que no les importa enriquecerse a cualquier costo, incluso poniendo en riesgo el futuro de la humanidad tal como la conocemos. Una de esas excepciones es el denominado “privilegio del agricultor”, regulado en el artículo 26 de la Decisión 345 de la CAN, que establece:

“No lesiona el derecho del obtentor quien reserve y siembre para su propio uso, o venda como materia prima o alimento el producto obtenido del cultivo de la variedad protegida. Se exceptúa de este artículo la utilización comercial del material de multiplicación, reproducción o propagación, incluyendo plantas enteras y sus partes, de las especies frutícolas, ornamentales y forestales”.

En tal sentido, el Tribunal de Justicia de la Comunidad Andina ha afirmado que: “Interpretadas en conjunto las normas de los artículos 24 y 26 de la Decisión 345, se concluye que el obtentor no podrá ejercer los derechos que le otorga el certificado de obtentor respecto de quien utilice para su propio uso o venda como materia prima o alimento el producto de la multiplicación, reproducción o propagación de una variedad protegida”.

En diversas oportunidades, las empresas han tratado de limitar el alcance del privilegio del agricultor para evitar que este signifique un obstáculo a sus planes comerciales. Sin embargo, la defensa de estas limitaciones y excepciones representa la última esperanza para asegurar un mundo con suficiencia alimentaria y evitar que a nuestras siguientes generaciones les depare un futuro como el mostrado en “Vesper”. Depende de nosotros defender estos mecanismos jurídicos, bajo la premisa de que ni los derechos del obtentor ni las patentes ni en general los derechos de propiedad intelectual son derechos absolutos. Y que, en ocasiones como esta, es indispensable establecer limitaciones para que prevalezca el interés general de la humanidad, no solo para subsistir, sino para vivir dignamente.

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