Lalo Quiroz | El Partero
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En febrero de 2024, el colectivo británico de activistas denominado Led By Donkeys colocaría 11,000 conjuntos de prendas infantiles a lo largo de cinco kilómetros en una playa del Reino Unido; haciendo clara alusión a los miles de niñas y niños asesinados por las Fuerzas de Defensa Israelí (FDI) en el enclave palestino. Asimismo, en diciembre de ese mismo año, desplegarían una enorme pancarta de 40 x 40 metros frente al Parlamento británico con la frase YES IT’S A GENOCIDE (SÍ ES UN GENOCIDIO); confrontando la postura –y el respaldo— de su gobierno frente a los bombardeos en Gaza, y dejando claro que sí se trata de un genocidio.
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Este colectivo de activistas, cuyo nombre ha sido tomado de la frase “lions led by donkeys” (“leones guiados por burros”), no es el único que en los últimos años viene usando algunos medios y soportes –sobre todo de la publicidad— para potenciar con efectividad sus mensajes. De hecho, en esa misma tarea y en el mismo plano de lo simbólico, distintos artistas se han antecedido desde hace algunas décadas atrás. En los setentas, la obra de la artista estadounidense Barbara Kruger, sería reconocida por el uso de frases críticas al sistema de consumo (“COMPRO, LUEGO EXISTO”) y a las estructuras de poder; abordando, inclusive, temas como el feminismo (“TU CUERPO ES UN CAMPO DE BATALLA”). Sus frases –básicamente, en tipografía Futura— que, incluiría a veces fotografías en blanco y negro, se plasmarían en grandes formatos y se exhibirían en el espacio público y en importantes galerías de arte. Del mismo modo, harían lo propio el colectivo de artistas neoyorquinas Guerrilla Girls; quienes, a inicios de la década de los ochentas, plantearían sus obras con cierta dosis de sarcasmo y apuntarían sus críticas al sexismo y al racismo. En realidad, el arte en el espacio público se venía planteando en Europa desde la década de los cincuenta, través de intervenciones como el Land Art, el Happening, la Performance, el Site Specific, entre otros. Así, el arte se propuso escaparse de los recintos cerrados y ‘sagrados’ al cual le habían sido conferido por siglos para irrumpir en el espacio público abierto; y entablar una relación directa con un público poco habituado a los circuitos artísticos. La dimensión política del arte recobraría importancia en la construcción del sentido común de la polis moderna. Se destacaría el mensaje y aspectos del lenguaje –como sistema de signos—, respecto a lo meramente estético [sensorial] y contemplativo; con el propósito de reflexionar en torno a temas de carácter social, político y filosófico.
Esta dimensión política del arte, atravesada por elementos de la cultura, se mantendría latente hasta nuestros días. En abril de 2023, durante las celebraciones de Semana Santa en Ayacucho, un grupo de jóvenes idearía y elaboraría una alfombra de flores; el diseño era muy sencillo, sin mayores aspiraciones estéticas. Empero, la potencia simbólica del mensaje, generaría una censura inmediata. Una cortina policial rodearía la alfombra –incluso, con intentos de estropearla—para cubrirla y evitar que quede registrada fotográficamente y en la memoria. En el diseño sólo había una cruz cristiana que contenía el quinto mandamiento NO MATARÁS y la fecha 15 DIC. 2022. Este es el camino que los leones deberían seguir y evitar que los rebuznos de la ignorancia los desorienten.



