Sin embargo, vivimos otros tiempos. Nuestro territorio ya no sufre una dominación o colonialismo de tres siglos por parte de los españoles, por lo tanto, los desafíos son diferentes. Hoy hay otras dependencias de las que es necesario emanciparse. Me refiero a aspectos interiores que nos impiden realizarnos personalmente, y construir esa patria grande con equidad y justicia que buscaron los precursores.
Las dependencias que sufrimos en estos tiempos se operan en el ámbito de las mentalidades y de las actitudes. Hablamos de la opresión mental, la cual se manifiesta en varios frentes. Uno de éstos es el conformismo. Una tara que nos paraliza, manteniéndonos en el atraso, pues nos hace perder el espíritu de superación que ha caracterizado a los pueblos prósperos. Es alentador observar a peruanos que, navegando contra la corriente, han demostrado un espíritu de emprendimiento que les ha permitido surgir de la nada. Debemos aprender decir no al asistencialismo, a la compra de conciencias y sobre todo a la corrupción, enseñar a los hijos, a la familia, a los amigos honestos; practicar los valores. La covid19 nos has golpeado duramente, ha desnudado al país en lo que es y en lo que somos. La solidaridad se fue a los suelos, por el contrario, ha mostrado nuestra naturaleza humana tal cual somos, poco importó la muerte de amigos, familiares y compoblanos y en medio de ella el festín de los corruptos.
Una de las más graves sujeciones que sufre el Perú data ya de varios siglos, y no pudo ser abolida luego de la gesta emancipadora que culminó el 9 de diciembre de 1824 con la batalla de Ayacucho, fecha que debe ser considerada como el de la emancipación no solo del Perú sino de todo Hispanoamérica, que fue a sangre y fuego.
Los historiadores continúan debatiendo que si nuestra independencia lograda en la Pampa de Ayacucho concedida u obtenida. Mientras la proclamación del 28 de julio de 1821 por el Libertador José de San Martín fue simbólica. Si bien nos liberamos del yugo español.
Al ingresar el Perú a su vida republicana, tuvo otro tipo de dominio político. la predominancia de gobernantes autoritarios, incapaces y corruptos (salvo alguna excepción). Hubo gobiernos que mantuvieron y ahondaron la pobreza y las desigualdades. Hipotecados a grandes intereses económicos del capitalismo inglés y luego el norteamericano. Los escandalosos saqueos del erario nacional y el aplastamiento de todo tipo de protesta de los sectores excluidos, han sido la constante de nuestra república. Dentro de este círculo vicioso, en algún momento estos mismos gobernantes se convencieron de que el medio más efectivo de conservar su poder era manteniendo en la ignorancia a la población o sub educada. Y no se equivocaron, pues, así como una buena educación libera, una deficiente, genera habitantes con ese carácter pasivo e indiferente que ha permitido las más infames corruptelas y los más indignantes enquistamientos en el poder. Con tan solo mencionar la apatía en Ayacucho frente a la corrupción es suficiente para entender. Es por ello que nuevamente están retornando como candidatos ante las próximas elecciones municipales y regionales en el mes de octubre y ya podemos imaginarnos a que logros apuntan.
Este mal histórico se ha convertido en un cáncer, por cuanto infiltra casi todas las instituciones. Pero aquí no terminan los males, por cuanto el daño producido por este flagelo, además de económico, ha minado enormemente nuestras bases cívicas y ciudadanas. De esta manera, hemos llegado a interiorizar aquello “no importa que robe pero que haga obras”.
Sin embargo, debemos mantener la fe porque nada es eterno. Generar ideas de independencia mental y cultural. Otros países han apostado por la revolución de la educación, para preparar a las generaciones del mañana y que sean ellos los que hagan prevalecer la equidad, la justicia y el pleno respeto a los derechos humanos.



