Los contagiados en las dos primeras semanas de enero tenían un lugar casi uniforme de contagios: fueron resultado de celebraciones familiares o sociales con motivo de la navidad y el año nuevo, y en algunos casos, bajada de reyes.
Esto ha cambiado en la última semana. Los contagios ahora son de personas que trabajan en instituciones públicas o privadas. Parece que el teletrabajo no es aceptado por algunos funcionarios o jefes, quienes exigen la presencia física del trabajador y quieren verlo en su oficina o en las ventanillas.
Los protocolos para evitar los contagios son estrictos y desde el gobierno se ha dispuesto que, en lo posible, los trabajadores administrativos laboren desde su domicilio.
La situación en el Perú es crítica. Las proyecciones señalan que posiblemente el número de contagios será mayor que en la primera ola, y que del mismo modo aumentará el de fallecidos. Por eso la necesidad de evitar el contacto físico entre personas y no respetar el distanciamiento social o el trabajo en ambientes cerrados pone en riesgo a las personas.
La imagen que se tiene de las oficinas de las instituciones públicas es de un hacinamiento peligroso. Si pese a esta situación se exigen que vayan los empleados administrativos a trabajar, se está poniendo en peligro la salud e incluso la vida de estos servidores del estado.
Algo parecido está sucediendo en algunas dependencias privadas, donde se exige que los empleados estén en sus espacios laborales y cumplan con las horas que dispone la ley.
En este caso, se trata de incapacidad de estas empresas –medianas y pequeñas- de implementar mecanismos que hagan posible el teletrabajo. El cierre de los restaurantes no significa el cierre del negocio, que puede seguir atendiendo por medio del delivery.
Las ventas por internet es otro mecanismo que se puede realizar. Requiere de mucha responsabilidad de los propietarios de las empresas dedicadas al comercio y de la honradez con que se cumplen con los compromisos.
Existen entonces mecanismos que se puede utilizar para evitar los contagios. Las autoridades de las instituciones públicas y los dueños de las empresas privadas no deben seguir exponiendo a sus trabajadores. Si se contagian, ellos serán los responsables.



