Rudy Anyosa | Visión global
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En nuestro país observamos cómo, tanto en los niveles más altos como en los más medios de la administración pública, la selección de trabajadores, incluidos quienes deben diseñar e implementar políticas públicas efectivas, no se realiza sobre la base del mérito académico ni de la capacidad profesional. Por el contrario, predomina el amiguismo: se elige al conocido del club, del colegio, de la universidad o del partido político. Muchos de ellos, incluso con serias denuncias penales o civiles, carecen de la preparación necesaria para desempeñar un cargo público.
El peligro del realismo tonto en la vida política y académica | Opinión
Este patrón de selección de personal responde al sesgo de afinidad, que es la tendencia a confiar, preferir o contratar a personas que “se parecen” a nosotros o que piensan igual que nosotros. Este sesgo está presente en todos los niveles del sector público, tanto a nivel nacional, regional y local, y sus consecuencias son evidentes: escasez de propuestas de políticas públicas de calidad, nulo o lento avance en su implementación, decisiones improvisadas y, en muchos casos, la profundización de la corrupción.
Una forma de enfrentar este problema, es que el Estado debe apostar por un sistema meritocrático real. Una medida necesaria es crear y utilizar un registro nacional de profesionales peruanos formados en el extranjero, especialmente en universidades de alto prestigio internacional. Cuando se requieran expertos, el Estado debería recurrir a este grupo, cuyo conocimiento, visión global y nuevas perspectivas pueden contribuir a transformar el país. Igualmente, se debe considerar a los profesionales sobresalientes de las mejores universidades del Perú, quienes también poseen alta formación y compromiso.
Lo que hace SERVIR al formar gerentes públicos es un avance importante, pero resulta insuficiente. La propuesta que planteo va más allá de la gestión administrativa: se necesita contar con expertos capaces de aportar ideas innovadoras, planteamientos de desarrollo y reformas estructurales orientadas al bien del país.
Confío en que el nuevo presidente electo impulse estos cambios y que a los peruanos preparados y comprometidos se les brinde la oportunidad de contribuir al desarrollo de su propio país. Solo así podremos evitar la fuga de talentos y construir un Estado moderno, eficiente y verdaderamente meritocrático.



