La presencia de visitantes, unos que llegan en casi un peregrinaje -a la peruana- para participar en los ritos de la semana santa; y, los otros, motivados por el turismo, la diversión y el conocer algo nuevo, que no significa nada en sus creencias.
Pero todos, indistintamente las razones por las que han llegado a Ayacucho, merecen ser protegidos. Las informaciones señalan que han arribado a la ciudad muchos delincuentes procedentes de Lima, la gran metrópoli que también exporta delincuentes a las ciudades de provincia.
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Es necesario que todas las autoridades, no sólo la policía, implementen medidas reales para darle seguridad a los ciudadanos que nos visitan, y también a los que viven en esta ciudad. Se requiere que se difundas las medidas de seguridad que debemos optar en Ayacucho durante los días de Semana Santa.
Deben distribuirse cartillas -todavía estamos a tiempo- tanto impresas como a través de las redes sociales, señalando los lugares con menor seguridad para los visitantes y las horas no recomendadas para ir a determinados lugares o transitar por algunas calles o avenidas. Debemos suponer que hay un mapeo tanto de la policía como de la gerencia de seguridad ciudadana, donde están definidas estas zonas de riesgo.
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Dar indicaciones sobre la concurrencia a las procesiones. Que llevar y que no llevar, teniendo en consideración la aglomeración de las personas y los momentos de mayor riesgo. Muchos creyentes, sean ayacuchanos o turistas, ante la cercanía de la imagen de Jesucristo, descuidan su seguridad, de lo que se aprovechan los delincuentes, especialmente carteristas.
Otro delito que debe preocupar, son los asaltos a turistas, especialmente jóvenes, que llevados por la aventura visitan zonas desoladas no con muy pocas garantías de seguridad, especialmente a altas horas de la noche o en la madrugada.
Ya se han conocido, no sabemos si habrán puesto la denuncia, de asaltos con arma de fuego, en diversos barrios periféricos. La modalidad es el uso de vehículos -automóviles- de donde bajan los delincuentes armados, encañonan a la víctima y le despojan de sus bienes.
Todo el personal de seguridad, de la policía y también de la municipalidad, debería estar abocado al tema de seguridad, en lugar de estar persiguiendo a los vendedores ambulantes, que quieren aprovechar la Semana Santa para vender algunos productos -como palmas el Domingo de Ramos-, sin ser desalojados por la policía municipal, como sucedió en la intersección del jirón Arequipa con 2 de mayo, este reciente Domingo de Ramos.



