Mario Zenitagoya | Otra Mirada
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La Semana Santa de Ayacucho es una celebración religiosa que combina rituales católicos y populares, y que se caracteriza por su fervor y religiosidad. Es una de las festividades más importantes del país y del mundo. En 2022 fue declarada Patrimonio Cultural de la Nación
La Semana Santa en Ayacucho cada año registra escenas de (turistas o visitantes) que convirtieron la Plaza Mayor en cantina pública y rompiendo el respeto que merece toda ciudad que los acoge consumiendo alcohol en exceso en las calles del centro histórico de la ciudad. Ciudadanos locales han expresado su disgusto porque algunos visitantes no respetaron la tradición de fe con que se vive estas fechas en la ciudad (estas opiniones son calificadas como cucufatería por un sector de la población), es decir hay quienes consideran que la festividad religiosa debe ser de jolgorio (¿juerga?). Según datos estadísticos, el mayor consumo del licor es por parte de la población joven.
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El actual alcalde provincial, muy inclinado al narcisismo y poses de emperador romano, dizque ha dispuesto que se “permitirá el ingreso de bandas de música el sábado de gloria a la Plaza Mayor, pero no es permitirá la venta de licores” (sin comentarios).
Años atrás el Concejo Municipal de la provincia de Huamanga, declaró intangible el Centro Histórico de la ciudad de Ayacucho durante las festividades de la Semana Santa, con la finalidad de garantizar el orden y tranquilidad en los espacios públicos de la zona, además de evitar el consumo de licor. resaltaron que durante la festividad religiosa se debe respetar las ordenanzas municipales que prohíben, en la jurisdicción del distrito de Ayacucho y recintos públicos, el consumo y comercialización de bebidas alcohólicas. El acuerdo establece que los organismos de la municipalidad deben velar por el cumplimiento de la medida en conjunto con la Policía Nacional del Perú2 (PNP), la Prefectura de Ayacucho, la Dirección Desconcentrada de Cultura, Hermandades y otras instancias. Esta medida municipal fue con la finalidad de evitar que se repita los excesos cometidos el año 2022, donde la situación se descontroló desde el Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección y la Plaza Mayor de Ayacucho terminó convirtiéndose en una especie de cantina pública; en tanto, sus alrededores sirvieron como urinarios.
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La Semana Santa de Ayacucho podría perder su reconocimiento como Patrimonio Cultural de la Nación debido a la controversial costumbre (tradición) del Pascua Toro, que ha sido criticada por poner en riesgo la integridad de los animales. La Dirección General de Patrimonio Cultural ha establecido que las expresiones culturales no deben vulnerar derechos fundamentales como la vida, y el maltrato animal durante esta festividad.
Cabe recordar que en el transcurso de cinco años se evaluará si la Semana Santa ha conservado su esencia y si se han tomado medidas para preservarla como patrimonio. Se recomienda que el Pascua Toro no forme parte de las actividades por Semana Santa y que se realice en otros espacios, no en el centro histórico de la ciudad para participar en el Pascua Toro, se debe dar prioridad a cumplir con la normativa y respetar los derechos de los animales.
El Dr. en Historia Nelson Pereyra, docente de la Unsch, en su libro “Historia, memoria y simbolismo de la Semana Santa en Ayacucho”, considera que en los últimos años la Semana Santa ayacuchana enfrenta serias amenazas, como la presencia de actividades pensadas para satisfacer la demanda de turistas. Es el caso de Pascua Toro, que en este nuevo siglo se ha convertido en un espectáculo al que concurren jóvenes ávidos de divertirse. Es tema de constante controversia. Unos demandan su eliminación definitiva, otros, su traslado a otro momento de la celebración; un tercer grupo plantea su continuación invocando la tradición. Asimismo, la aparición de nuevas procesiones en los barrios periféricos- en el mismo núcleo de la ciudad- altera la estructura de un ritual que precisamente se caracteriza por escenificar con bastante fidelidad los relatos del Evangelio sobre la Pasión. Las nuevas procesiones autorizadas por el arzobispado, son sinceras expresiones de piedad popular; pero lamentablemente buscan competir con las procesiones que vienen de años anteriores, ya que expresan un sentimiento reivindicativo de los barrios frente al núcleo de la ciudad.
Señala, además, que actividades conexas a la Semana Santa se han modificado por el desarrollo de las relaciones mercantiles y del capitalismo. Las ferias de Chupas y Acuchimay, que antaño eran ferias ganaderas, hoy son escenarios para la venta de bienes industriales, bebidas alcohólicas y para los espectáculos musicales.
“Considera que estas son amenazas (uso del aserrín en las alfombras) que han surgido en el contexto de la adecuación de la Semana Santa a las exigencias de la globalización y del mundo moderno. Acota finalmente, que de nosotros depende el futuro de la gran celebración”.



