Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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A propósito de las elecciones del domingo, cada uno debemos interrogándonos, previamente, el porqué, hemos de votar por determinado candidato; si nuestro voto va por el que busca lucrar y beneficiarse, dejando de lado los intereses nacionales, consolidando los grupos de poder mafioso o por quien busca acceder al gobierno, para trabajar por el bienestar de la Patria. Para el efecto, recordemos un hecho que registra la historia, durante la guerra con Chile. Cuando Patricio Lynch, comandante en jefe de la fuerza expedicionaria chilena, visitaba, en compañía del almirante francés Du Petit Thouars, uno de los hospitales de Lima, luego de las batallas de San Juan y Miraflores; Lynch, se acercó a dos heridos peruanos, y luego de dirigirles palabras consoladoras, les preguntó, separadamente ¿y porqué usted tomó parte en esta batalla?
Yo, le contestó uno – “por don Nicolás” y el otro “por don Miguel” Ambos se referían a los caudillos Nicolás de Piérola y Miguel Iglesias, que pugnaban, entre sí, para controlar el país. El militar, formuló la misma pregunta, a dos heridos del ejército chileno, y ambos respondieron, con profunda convicción: “Por mi patria, mi general”.
Es la razón, del porqué el Perú perdió la guerra. Hoy, el país se debate entre consolidar la democracia, sin autoritarismo, sin caudillos o caer en el precipicio, sepultando lo poco que nos queda de democracia, de libertad, de justicia. El domingo, no nos peleemos al emitir nuestro voto, por caudillos que dividen al país, que masacran al pueblo, que roban al Estado, involucrados en la mafia y la corrupción, que destruyen el estado de derecho. Que no se repita esa historia de luchar por algunos fulanitos y, en todo caso, hacerlo por quienes representan los intereses comunes, buscando una reingeniería política.
No seamos testigos ni artífices, con nuestros votos, de la resurrección o continuidad de políticos corruptos, camaleones y buscadores de poder; no permitamos con nuestros votos, que la ignorancia y la mediocridad, siga enquistado en el poder, elucubrando espejismos de eficiencia y transparencia, al igual que los actuales gobernantes, de los diversos niveles.
El problema, no son los candidatos de derecha, izquierda o radicales; el verdadero problema, está en nosotros los electores, que nos dejamos convencer por fórmulas o listas que ya han fracasado, cuyos candidatos, aprovechan de nuestra ignorancia y desconocimiento de sus trayectorias y antecedentes.
No nos dejemos engañar por la publicidad, por el derroche de recursos económicos, por la abundancia y tamaño de los paneles, con candidatos sonrientes, que pareciera promocionan pastas dentales o postulan a un concurso de belleza; sin ideología, ni doctrina; sin políticas de gestión; ni nos dejemos engañar por los fariseos de hoy, gobernantes, autoridades y políticos, que aprovecharon de la Semana Santa, para publicitarse y permitir que el Jueves Santo, sea de jolgorio, con bandas de músicos en el Centro Histórico y, el domingo de Pascua, con exageradas y desnaturalizadas medidas de seguridad, aislando a los fieles acompañantes.
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