Ciudad caótica (II)

Así, la ciudad de Venecia, es conocida por sus acueductos y sus gondoleros; la ciudad de México, por sus Mariachis en la plaza Garibaldi; la ciudad de Santiago, por la diligencia y amabilidad de sus carabineros; la ciudad de La Paz, por su funicular, etc. etc.

Nuestra antigua y apacible ciudad de Huamanga, corre el peligro de ser conocida por su sistema de transporte público caótico e infernal, obra compartida de la autoridad municipal, de los transportistas e incluso de los conductores.

Por ejemplo, cuando se desató la pandemia y a fin de que las restricciones sanitarias no hagan colapsar las empresas de transporte, se acordó que éstas sigan operando, cumpliendo una serie de medidas que eviten el contagio y la propagación del virus; así se dispuso, que sólo podían cubrir el 50 por ciento de su capacidad, fuera de otras medidas sanitarias de higiene del vehículo, del conductor y de los pasajeros. Paralelamente y en forma temporal se aceptó que el pasaje urbano suba a dos soles; es decir el doble de lo que se cobraba.

Sin embargo, ni bien bajó el índice de contagios, los transportistas se olvidaron de todas las restricciones impuestas y continuaron cobrando el pasaje a dos soles.

Esto ha generado una serie de desencuentros en los que, como siempre, la autoridad municipal ha exhibido su incapacidad de gestión y su carencia total de autoridad.

Así, hoy vemos los buses y micro-buses de servicio público, atestados de pasajeros, incumpliendo flagrantemente todas las medidas sanitarias dispuestas, con conductores que no cumplen las más elementales normas de tránsito, no usar mascarilla o que lo hacen mal al igual que el cinturón de seguridad; vociferantes y agresivos, subiéndose a las veredas, tocando la bocina en forma estruendosa en cualquier lugar, convirtiendo las estrechas calles de la ciudad en un circuito de carrera, bajando y subiendo pasajeros en cualquier lugar, estacionando a media calle, gritando y pretendiendo incluso agredir a los pasajeros que se niegan a pagar el pasaje incrementado, habiendo llegado al extremo de hacer bajar y expulsar del vehículo a humildes madres de familia, a quienes arrebatan sus compras del mercado y los arrojan a la calle.

A ello se agrega el deplorable estado de las calles de la ciudad, con ciclo vías que no funcionan como tal y que se han convertido, fundamentalmente en el centro de la ciudad, en cocheras, garajes o estacionamiento de vehículos de toda índole. Véase por ejemplo el Jr. María Parado de Bellido (o Jr. Bellido), en cuya tercera cuadra que da hacia el hermoso templo de Santo Domingo, más de un centenar de motocicletas lineales estacionadas durante todo el día, replicándose lo mismo en la cuarta y quinta cuadra, a vista y paciencia de la Policía y de los inspectores municipales, que tienen la obligación de impedir y castigar ello.

Frente a este estado de cosas, es inconcebible y hasta risible, que la Autoridad Municipal, siga anunciando con bombos y platillos, que nuestra ciudad cuenta con un plan ejemplar de “movilidad urbana sostenible”.

Ayacucho, Setiembre del 2021

Diario Jornada
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