¿A quién teme o a qué teme el alcalde de Huamanga? Esa es la pregunta que tiene que hacerse la ciudadanía, luego de la información en los medios, entre estos Jornada, de que el burgomaestre huamanguinos ha señalado que el ingreso a su despacho es sin celulares.
Esta medida extrema de seguridad, debe ser tratado por un psicólogo o un psiquiatra, para descartar que el alcalde de Huamanga sufre algún trastorno de personalidad paranoide, que se manifiesta por tener ideas delirantes como delirio de persecución u hostigamiento, no se sabe de quien, y por tanto todo el que se acerca, es potencialmente un enemigo.
En estas personas, la desconfianza permanente y la sospecha hacia los demás surge por encima de los 40 años, especialmente si han sido víctimas de actos que lo han marcado y se van a posesionar de su personalidad y se prolongarán por toda la vida.
En los que ocupan cargos de alta responsabilidad, como ser alcalde de una ciudad de 300 mil habitantes, sin estar preparado psicológicamente, entra en pánico interno, preocupado por la lealtad de sus amigos, funcionarios de su confianza y la fiabilidad en los que lo rodean.
En todo lo que escucha trata de encontrar una amenaza. Cualquier comentario, incluso a si es a favor, por ejemplo, que alguien admire su trabajo, le genera desconfianza, ve una amenaza. Por eso, prefiere tomar todas las medidas que lo rodeen de una seguridad ante una amenaza potencial. Y, el teléfono celular es un arma que pueden utilizar los que se llaman amigos, pero para el alcalde, son enemigos encubiertos.
Cuando el alcalde dispone que nadie entre a su despacho con un teléfono móvil, lo único que demuestra, es que ha ingresado a un nivel que ya requiere de tratamiento clínico, Es el sentimiento persecutorio, porque el considera que sus “enemigos potenciales” lo están vigilando, espiando, que lo calumnian y hostigan.
Este editorial, puede utilizarlo para demandar al diario Jornada y personalizar en el editorialista a un enemigo, denunciarlo ante el poder judicial, por el delito de persecución y hostigamiento, cuando lo único que hace Jornada, es opinar sobre un exceso de la autoridad municipal, al prohibir que se ingrese al despacho de alcaldía con un teléfono celular.
Si Huamanga tiene un alcalde que vive con temores de cualquier ciudadano que desee entrevistarse con él, que va ser “humillado” al despojársele de un medio de comunicación indispensable en la sociedad del siglo XXI, la pregunta este ciudadano es ¿en qué se ha convertido el alcalde?
Porque no es normal, que vea en todos a un desleal, un enemigo, que usa el celular para grabar conversaciones, hacerle daño o chantajearlo. Señor alcalde, vaya donde un psicólogo clínico o un siquiatra. Los trastornos mentales lo tienen todos los ayacuchanos, que sufren las secuelas del periodo de violencia de 1980 al 2000.



