Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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La Navidad es el recordatorio anual de una manera ética de vivir. Al celebrar el nacimiento de Jesús, recordamos una existencia consagrada a tres pilares que parecen haberse disuelto en la política actual: la sencillez, la compasión y la verdad. Jesucristo, el maestro, no nació en un palacio, sino en un pesebre. Su doctrina sobre la sencillez fue radical: buscó siempre la ayuda solidaria sin vanagloriarse, exigiendo el anonimato de la virtud.
Enseñó que la mano derecha no se entere de lo que hace la mano izquierda y advirtió contra la hipocresía de quienes buscan el aplauso público. Como se lee en el Evangelio de San Mateo 6:5-15: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres… Mas, tú, cuando te pongas a orar, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto”.
Así pues, un buen discípulo imita a su maestro. Sin embargo, al volver la mirada hacia Ayacucho, tierra de fe en Jesús, encontramos en su gobernador, Wilfredo Oscorima, una conducta que no solo distaría del mensaje evangélico, sino que se erigiría casi como su opuesto.
Mientras Jesús lavaba los pies de sus discípulos, Oscorima hace gala de soberbia, cuando dijo: “Sí, soy soberbio, soy orgulloso de haber logrado yo, lo que pocas personas logran en su vida. Solo el 2 por ciento de los seres humanos en la humanidad (sic) son exitosos, y el 98 por ciento son gente mediocre, gente de la mayoría, de gente de la manada”. Estas palabras, que deshumanizan a muchos de sus gobernados tratándolos de “manada”, serían impensables en la mente y el corazón de Jesús.
El segundo pilar, la compasión, está casi ausente frente a la tragedia del 15 de diciembre de 2022, donde diez ayacuchanos fueron asesinados. Lejos de mostrar empatía o condenar los disparos militares efectuados a larga distancia contra civiles, Oscorima optó por la estigmatización, señalando sin pruebas que “hubo infiltrados que azuzaron a la población para cometer estos actos vandálicos”. Además, vinculó a manifestantes con grupos terroristas como el MOVADEF o la FENATE, diciendo que “así se empezó el terrorismo en el país”, revictimizando a inocentes y a sus familias que, hasta hoy, no encuentran justicia ni consuelo en su autoridad.
Esta falta de humanidad fue retratada por Yobana Mendoza, presidenta de la Asociación de Familiares de los Heridos y Asesinado del 15 de diciembre, ASFAH, quien señaló que Oscorima debería estar preso “por todo lo que está ocasionando en la ciudad de Ayacucho”. Incluso la periodista Rosa María Palacios evidenció el perfil crematístico del gobernador, indicando que los muertos no le preocupan, sino que “quiere su plata”, en referencia a su amenaza de marchar contra el gobierno si no se le transferían mil millones de soles. Además, Oscorima ignora el diálogo democrático con organizaciones como el FREDEPA, pues los acusa sin prueba de que solo quieren “crear caos”, cerrando las puertas a la escucha que todo líder debe tener.
Finalmente, la Navidad es la celebración de la Verdad. Jesús sentenció que la verdad nos haría libres. En contraste, Oscorima recurrió a la mentira en el escándalo de los relojes Rolex entregados a la presidenta Boluarte. Ante la denuncia, su reacción fue: “Voy a ser enfático, esto es una patraña de personas malas. Yo no tengo nada que ver absolutamente en este tema”. Días después, la realidad desnudó la mentira, confirmándose que él entregó el artículo de lujo.
En esta Navidad, hay una brecha entre el mensaje de Jesús y la conducta de muchas de nuestras autoridades, que debemos cerrar. No se puede servir al pueblo y a la vez decirle “manada”, ni se puede celebrar al Hijo de Dios, todo compasión, mientras se ignora el llanto de los deudos y se gobierna de espaldas a la verdad. Ojalá haya acto de contrición y propósito de enmienda, pues una autoridad siempre es un buen o mal ejemplo para su población. Saque usted sus conclusiones.



