Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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En política, la percepción crea la realidad. Lo saben los operadores de la rancia derecha y sus medios de comunicación. Por eso desean un debate entre dos candidatos a la vicepresidencia, Miguel “Miki” Torres, del fujimorismo, y Brígida Curo, de Juntos por el Perú-JP. Apuestan a Torres, hombre de “mundo”, intelectual, estratega corporativo; contra Curo, que es para ellos solo una campesina aimara de Puno, estratega desde lo local.
Creen que el debate ayudaría a percibir la supremacía de Miki, exponente de la élite política limeña afín a la oligarquía. Por el currículo académico, bagaje cultural, manejo del castellano, Miki sería un político del “primer mundo”. En cambio, Curo encarnaría a los pobres y excluidos sin formación universitaria, a una comunidad agraria que solo sabría protestar, y que se expresa con interferencias lingüísticas, porque su lengua materna es el aimara.
¿Le conviene a JP y a Curo el debate?
Sí, pues Curo representa la emergencia de un pueblo resiliente, creativo, constructor, al que se le intentó en casi 500 años aplastar, pero allí está. Ella hablaría desde la resistencia. Desde la exclusión. Su presencia sería un primer triunfo, por su valor de exhibir su postura e ideas y dar la batalla. Si Torres intenta humillarla con abstrusos y académicos lenguajes caería en la arrogancia. Curo necesita posicionar su talento y su verdad con valor, más allá de limitaciones.
Curo es el síntoma de la rebelión desde abajo, de ese levantamiento, antes silencioso hoy contundente, contra el centralismo. Pusieron a Castillo y hoy a Sánchez en la segunda vuelta. Su presencia es la insurrección a una educación de cuarta categoría; mientras Lima sumaba privilegios. Representa lo que llamamos una revolución democrática popular electoral. Recordemos que el mundo popular tiene una antigua lucha por el poder con ensayos y errores.
Curo expresa la continuidad de esa lucha por el poder desde abajo. Es incómoda al statu quo, cuando dice: “Hemos elegido a nuestro presidente, del pueblo, campesino, popular, pero, esta política neoliberal fascista han rechazado nuestros votos. La resistencia del pueblo peruano es 500 años.” Exponer eso a nivel nacional aumentaría la autoestima popular nacional. Sobre todo, porque ella habla desde su ser indígena.
Resistir es parte de su identidad, por ello participó en las protestas contra el autoritarismo de Dina Boluarte, que acabaron con 49 asesinados avalados por Keiko. Además, Curo para muchos representa a la mujer andina, heredera de Micaela Bastidas, María Parado, Ventura Qalamaki, entre otras lideresas andinas. En el imaginario colectivo ellas encarnan lo mejor del poder rebelde, encaminado al proceso de construcción de la nación.
Torres estaría con un terno entallado de alta costura, y chocaría con la pollera de vivaces colores andinos de Curo. Ese contraste elevaría la valoración de las mujeres populares. El debate mostraría el orgullo de ser andina, indígena, popular, campesina. Curo lleva esa cualidad de posicionarse sin amenazas ni miedos. Su porte natural de mujer andina orgullosa, sería un golpe al racismo decadente. Su fortaleza es su mejor aliada.
Obviamente explotarán el parecido con un Castillo limitado, pero para las masas ellos expresan el rechazo a un país desigual, que creó una educación desigual, a un injusto país desnivelado. Castillo y ella son intentos para nivelarlo. Y el debate expondría a una Curo inteligente, con algunos conocimientos de gestión local comunal. Pero sobre todo con ideas legítimas sobre las demandas del Perú profundo, como un símbolo de igualdad, en camino a ser gobierno.
Además, Curo debería solicitar expresarse en aimara, con traducción simultánea. Sería potente colocar el idioma como expresión de una cultura que no se somete y que tiene vigencia. El sustento es que ella piensa mejor en su idioma materno. Posicionaría, por fin, no solo una lengua, sino una identidad, una concepción y visión del mundo, en una perspectiva de nación. Y los vacíos que pudiera tener podrían ser evaluados como parte del proceso de aprendizaje.
El debate sería el encuentro, o desencuentro, de dos mundos. El Perú real y el formal, puestos en una plataforma común. No se trata de quién habla mejor, sino quién representa mejor. Tras escuchar a Curo, se percibe que tiene discurso, valor y perspectiva. Al final, si requiriese propuestas más técnicas, tendría a técnicos como Pedro Francke y otros, para suplir los vacíos, que también los tiene Torres. Reto planteado.
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