InicioCOLUMNISTASKeiko: ¿La cuarta es la vencida? | Opinión

Keiko: ¿La cuarta es la vencida? | Opinión

Nelson Pereyra | Larga duración
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Un mes después del sufragio, la ONPE publicó los resultados de la primera vuelta. Keiko Fujimori obtuvo 2’877.678 votos y Roberto Sánchez, 2’015.114. Sin embargo, los votos blancos y nulos sumaron 3’429.706, superando incluso a quien lidera la votación.

En efecto, por debajo de estos indecisos se ubica Keiko Fujimori, quien ha aumentado su votación respecto a la anterior elección. En 2011 obtuvo 20,6%; en 2016, 32,6%; y en 2021, 10,9%. En segunda vuelta alcanzó 48% (2011), 49,8% (2016) y 49,8% (2021).

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Estas cifras demuestran que la candidata cuenta con un “voto duro” y un “techo político”. Su “voto duro” en primera vuelta promedia 21,3%, aunque con tendencia a la baja entre 2016 y 2021, debido al desgaste político por la obstinada oposición fujimorista en el Congreso —que colocó a PPK contra las cuerdas y lo obligó a renunciar— y por las investigaciones fiscales en su contra.

Este “voto duro” proviene de las redes de apoyo que Fuerza Popular ha construido en los barrios populares, así como del recuerdo de los logros del régimen fujimorista (la estabilización económica, la lucha contra la subversión y los programas asistenciales). Constituye aproximadamente una quinta parte del electorado peruano, pero se incrementa hasta 48% o 49% en la segunda vuelta al sumar la preferencia de conservadores y anticomunistas; por ello, en 2021 creció de 10,9% a 50%.

Sin embargo, el apoyo a Keiko tiene un “techo electoral”: nunca supera el 50%, pues genera un antivoto reactivo que actúa en su contra y entrega la victoria a su contendor, sea quien sea este.

Este antivoto no es sino el antifujimorismo: una fuerza de rechazo absoluto que siempre vota en contra de Keiko. Se estructura a partir del comportamiento político de la candidata —el obstruccionismo al gobierno de PPK, sus denuncias de fraude en las elecciones de 2021—, de las investigaciones fiscales en su contra y, sobre todo, del recuerdo del autogolpe del 5 de abril, así como de los casos de violaciones a los derechos humanos y corrupción asociados al gobierno de su padre.

En esta segunda vuelta, el antifujimorismo tiende nuevamente a agruparse en torno a Sánchez. ¿Podrá Keiko incrementar su “voto duro” conquistando a los indecisos de la primera vuelta o restándole apoyo al antifujimorismo? Hasta ahora, la candidata se ha sostenido en su bastión y en los sectores conservadores y anticomunistas, disputándole votos a López Aliaga. Incluso, parece haberse beneficiado de la irrupción de candidatos como Belmont o Álvarez, que restaron apoyo a los postulantes de la “izquierda moderada” (Nieto y López Chau).

Sin embargo, la coyuntura actual muestra una tensión evidente. Para conquistar a los indecisos y ganar respaldo entre los antifujimoristas, Keiko podría colocarse al centro y distanciarse del recuerdo de su padre. Por ahora prefiere lo contrario: se mueve hacia el extremo derecho para atraer a los votantes de Renovación Popular y promete un programa de expansión del gasto público.

El desafío de Keiko no reside únicamente en movilizar su “voto duro”, sino en superar los límites que impone su historia política. Su capacidad de ampliar la base electoral depende de cómo logre apaciguar el antifujimorismo, atraer a los indecisos y disociarse de los fantasmas del pasado. Si insiste en reforzar su perfil conservador y polarizante, difícilmente logrará romper su “techo electoral”. Pero, un giro estratégico hacia el centro podría redefinir la contienda.

¿La candidata será capaz de dar este giro o nuevamente será superada por el antifujimorismo? La historia electoral reciente sugiere que la política peruana sigue atrapada entre el voto duro y el rechazo sistemático. Y Keiko será nuevamente el epicentro de esa tensión.

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