InicioCOLUMNISTASDemocracia liberal y marxismo socialista IV: Nueva Izquierda, una herida estratégica

Democracia liberal y marxismo socialista IV: Nueva Izquierda, una herida estratégica

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
[email protected]

Decíamos que la Nueva Izquierda-NI, que emergió en Perú en las décadas de 1960 y 1970, no reprodujo la herejía marxista de José Carlos Mariátegui, sino tradiciones ortodoxas marxistas-leninistas y, sobre todo maoístas. Esa izquierda entró en la democracia liberal representativa en 1980 con una lógica intensa y un mandato histórico: hacer una revolución socialista, tras doce años de dictadura militar reformista que no entendió. Al no tener la fuerza social, política ni militar para una revolución, tuvo que asumir una democracia que quebró sus principios doctrinarios y la sumió en una crisis estratégica de la que no se recupera.

La transición democrática representó un desafío existencial. Por un lado, un sector, encarnado emblemáticamente por Alfonso Barrantes en Izquierda Unida-IU, aceptó, sin una teoría, el juego democrático liberal. Comprendió, sin una mirada estratégica, que participar en instituciones como el Congreso, promover la ciudadanía igualitaria ante la ley, eran avances frente al orden gamonal, oligárquico, conservador y de espíritu autoritario persistente. Barrantes demostró que desde las alcaldías se mejoraba la vida de los pobres. Fue aceptación practica y utilitaria de la democracia, no asunción estratégica de su significado.

https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webpdemocracia-liberal-y-marxismo-socialista-iii-opinion/

El error de este sector fue no desarrollar una teoría que explicara y justificara esta práctica democrática en un marco socialista, que permita replicarla. Asumieron la democracia burguesa como una lucha táctica, pero sin pensamiento ni estrategia para “apropiársela” y radicalizarla. La vieron como un escenario, no como una construcción histórica necesaria, base para una sociedad más justa. Fue una práctica sin teoría que la sustentara.

Por otro lado, sectores radicalizados de esa izquierda, no comprendieron el valor revolucionario de la democracia representativa, como quizá algunos aún no perciben. Creían que esa democracia era un engaño burgués a denunciar y usar como “caja de resonancia” de las demandas populares, para desbordarla con la democracia directa. Había una lectura dogmática que anteponía la confrontación al diálogo. Subestimaron el anhelo de democracia, paz y legalidad de un pueblo exhausto por la crisis económica y la violencia terrorista.

https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webpoportunista-inescrupuloso-o-agente-infiltrado-opinion/

Esta visión confrontacional contravenía la praxis de Mariátegui que, en 1928, bajo el gobierno autoritario de Leguía —que lo persiguió y apresó—, fundó el Partido Socialista, como decíamos, como una organización constitucional, pública y legal, apostando por construir una fuerza social, cultural y política hegemónica. La clandestinidad o semi-clandestinidad de esos sectores en plena democracia, creyendo que había condiciones para tomar el poder sin transitar por la democracia, representó una desviación del método mariateguiano de lucha abierta democrática en las condiciones más adversas.

Así nació la división de la IU, entre quienes, sin teoría clara, abrazaron la democracia, y quienes, desde una ortodoxia revolucionaria, la rechazaron como camino al fracaso, citando el caso de Allende en Chile. Argumentaban que se tenía el gobierno, pero no el poder. Al mismo tiempo, la violencia demencial de Sendero Luminoso desacreditaba la opción armada, dejando a este sector radical en un limbo.

La ruptura de IU en 1989 fue la expresión de la división sobre la democracia y el poder. Los sectores que rechazaron la democracia liberal no ofrecieron una alternativa viable, y quienes participaron en ella no reinventaron un socialismo democrático para el Perú profundo.

https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webpdemocracia-liberal-y-marxismo-socialista-ii-opinion/

Hoy la izquierda peruana arrastra un vacío de orientación estratégica. Carece de una perspectiva sobre cómo desarrollar un proyecto socialista en una sociedad que, pese a su fachada republicana, sigue marcada por rasgos oligárquicos, autoritarios, racistas y gamonales. No vio que profundizar la democracia liberal —la igualdad ante la ley y la ciudadanía plena— era en sí misma una batalla revolucionaria contra el viejo orden conservador. Esa incapacidad para articular una teoría que transforme desde dentro la democracia representativa, explica en gran medida su marginalidad y confusión contemporáneas. Seguiremos.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR