Rudy Anyosa | Visión global
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En los últimos días ocurrieron hechos trágicos que dejaron enlutadas a dos familias. El primero sucedió en Ayacucho: una madre, su pequeño hijo y la abuela fueron atropellados por un chofer irresponsable, presuntamente ebrio. El conductor huyó sin brindar ayuda y hasta ahora no ha sido capturado. El segundo caso fue el asesinato de Charlie Kirk, líder conservador estadounidense, quien murió a manos de un supuesto simpatizante de izquierda que no compartía sus ideas. Este agresor ya está preso y espera sentencia.
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Hay un detalle que marca la diferencia entre ambos casos: en el de Kirk, fue el propio padre del asesino quien entregó a su hijo a las autoridades, demostrando respeto por la justicia. En cambio, en Ayacucho, los familiares del chofer acusado de atropellar a la familia lo ayudaron a escapar, supuestamente hacia Bolivia, encubriendo su crimen y sin mostrar empatía por las víctimas que hoy claman justicia. La diferencia en la reacción de ambas familias refleja los valores que practican: mientras unos actúan con responsabilidad y transparencia, otros eligen la mentira, la complicidad y la corrupción.
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A esto se suma la lentitud de las autoridades en Ayacucho. Pese a las pruebas existentes, no han logrado capturar al acusado, lo que genera sospechas de que la justicia está siendo manipulada por intereses oscuros y sobornos. Lamentablemente, muchos ayacuchanos hemos sido testigos de que “la justicia tiene un precio”. En Norteamérica la justicia funciona porque jueces y fiscales cumplen su labor con seriedad; una actitud que en nuestro país debería imitarse con prontitud. Asimismo, en Norteamérica la justicia es drástica con quienes incumplen u obstaculizan la ley. Por ejemplo, si el padre del asesino de Kirk hubiera sabido que su hijo cometió el crimen y aún así lo protegía, también habría recibido una condena severa.
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Por todo ello, es urgente que en los colegios y universidades se refuercen cursos de educación cívica y formación en valores personales. Solo así las futuras generaciones podrán guiar sus acciones con honestidad y responsabilidad, ya sea como ciudadanos, trabajadores o autoridades.



