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EL PARQUE DE FABULINKA 104

Sócrates Zuzunaga Huayta, un escritor que ha obtenido muchos premios nacionales e internacionales. Hace pocos días estuvo siendo reconocido en el Congreso, por el congresista Javier Mendoza Marquina. Espero que también le haya adquirido un lote de libros; porque no es solo regalar medallas o diplomas, es también adquirir o ser mediador entre alcaldes o gobierno regional y el autor, para que los libros de nuestro Socracha (como le llamo yo) lleguen a las comunidades para contribuir con la educación de los niños ayacuchanos. ¡Así, se hace patria de manera efectiva y completa!

EL GALLITO

Érase una vez una viejita, que parecía estar loquita; pues vivía solita, acompañada de un gallito, al que había criado desde que era un pollito muy chiquito.

Un día, la vieja fue a misa, muy afanada y de prisa, advirtiendo a su mascota, para que no se comiera el almuerzo, que ella había hecho con tanto esfuerzo. Pero el gallito que era muy tragón, se atragantó con todo el ollón, no dejando nada para su ama, que de misa retornó tan hambrienta, al igual que muy sedienta.

Muy furiosa, la viejita Clota, dio de palos a su mascota, quien huyó hacia los cerros, clamando ayuda a los luceros. El pobre gallito continuó huyendo, mientras la vieja, su rabia royendo, se puso a cocinar de nuevo, aunque fuese tortilla de huevo.

Más adelante, en el camino, el gallo halló a un pedregal, que parecía un fiero animal. Y, como seguir huyendo le impedía, se engulló a todas las piedras que había.

Después, se topó con un gran río, que sus aguas llevaba a libre albedrío; y así, pudo apagar su sed, bebiendo las aguas de aquel generoso tío. Con las piedras y las aguas en el buche, el gallito arribó al puerto de Suche, pueblo gobernado por un rey avaro, que robaba y abusaba con gran descaro. Se subió, entonces, en el tejado del palacio de aquel hombre descarado, y se puso a lanzar un gran insulto, contra aquel personaje tan inculto.

Ordenó el avaro a sus sirvientes para que, muy obedientes, atraparan al gallito malcriado, para hacer de él un rico estofado. Y como el gallo agua del río había tomado, orinó el agua en el horno y lo dejó apagado. Después huyó y volvió a subirse en el tejado, a seguir haciendo lo que había dejado.

Nuevamente, el avaro ordenó a sus gentes para que, veloces y muy diligentes, atrapasen al gallito gritón y lo encerraran del tesoro en el cajón. Entonces, el gallo, ni corto ni perezoso, contemplando el tesoro muy gozoso, al instante, se lo engulló y, en su lugar, las piedras del pedregal dejó.

Acto seguido, huyó de aquel lugar y, presto, retornó a su dulce hogar, donde la viejita lo estaba esperando con tanta tristeza, rezando y rezando. Al verlo llegar, su ama mucho se alegró y lágrimas de alegría de sus ojos brotó. Entonces el gallito, ¡fua!, desparramó todo el tesoro que en su buche albergó.

De ese modo, estimado amiguito, la vieja y aquel gallito, con todo aquel tesoro, vivieron con gran decoro, hasta el fin de sus días que fueron dulces como son las sandías…

SI QUIERES UN SUPER PODER… ¡PONTE A LEER!

Mis libros se pueden adquirir en Visión Cultural Jr. Asamblea 256.

 

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