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El parque de Fabulinka 168

Hoy presento dos fábulas. La primera, de Waldemar Cerrón Rojas y la segunda, de su mamá: Bertha Rojas López, (Huancayo) extraídas del libro: “Mis Ecofábulas”.

LA PULGA Y EL ZORRO

Cierta tarde, cuando un hambriento Zorro rezaba para encontrar su presa, sintió una mordedura en la punta de la oreja.

-¡Ayayay…pulga flacucha, escuálida, me estás chupando la sangre!

Saltó la Pulga al suelo y se puso delante del Zorro, diciendo:

-¿Con qué autoridad me estás criticando? Tú sí, quieres que me muera de hambre. Zorro tonto, tienes que aprender que entre todos nos necesitamos. Tú no eres santo, tú comes a las pobres gallinas sin que te importe sus pollitos que quedan huerfanitos. Ellas son tan humildes y no te insultan, ni te maldicen.

-Pulga insensata, tú, ¿Qué crees, qué las gallinas son santas? Ellas comen a los grillos, a las lombrices, a los mosquitos, teniendo tanto grano por comer. ¿Ahora te das cuenta, Pulga raquítica?

-Zorro hocicudo, más nos vale ser buenos amigos. Pero tú tienes que saber que yo no mato a nadie, solo chupo un poquito de sangre…

Después de seguir argumentando, la Pulga saltó al lomo del Zorro, desde allí le gritó:

-¡Arre, arre, caballito; uy, perdón, arre, arre, Zorrito!

TODOS NOS NECESITAMOS PARA VIVIR EN ARMONÍA CON LA NATURALEZA

EL BÚHO Y EL HOMBRE

El búho, después de observar el valle a la luz de la luna, se disponía a filosofar. En esos momentos, sintió sed. Levantó vuelo hacia el río y cuando estaba bebiendo, las aguas se pusieron negras y tenían un olor nauseabundo.

-¿Quién es el insensato que ensucia el agua? ¿Acaso él no piensa que también va a beber?- interrogó en voz alta el búho.

Unos metros más arriba, un hombre, escuchó; pero poco o nada le importó. Continuó echando basura al río. Entonces el búho con cólera, exclamó:

-¡Tucu, tucuu!

El hombre se asustó, creyó que ahí estaba un alma o un fantasma, se persignó y dejó tirado los otros costales llenos de basura.

El búho cantó más fuerte, dando aletazos bruscos y raros. El hombre corrió desesperado, tropezó con una piedra y estaba a punto de orinarse en el pantalón. Ahí se quedó sentado temblando, quiso tomar agua para calmar sus nervios… pero le dio asco porque él sabía las cosas que botó al río, anteriormente.

SI QUIERES BASURA BOTAR, AL RÍO NO LO DEBES LLEVAR

(Para armar vuestro Plan Lector, solicite Catálogo de libros a Ediciones Fabulinka)

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