Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
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Niñuchas: Días atrás recibí una sorpresa: la Prof. Emma Barrios me envió dos vídeos donde sus niños de 1er. grado están teatralizando un cuento de los hermanos Grimm, pero adaptado, peruanizado y musicalizado por mí. Gracias, niños y padres de la IEP “Los Rukanas”, de PUQUIO. Pueden mirarlo en mi canal de YouTube FABULINKA TV.
EL FLAUTISTA DE HAMELIN
Algo extraño algo sucedió
en un pueblo llamado Hamelín
toda su gente un día despertó
y esto fue alo que allí se escuchó:
Vecino 1: ¡Ayyyy… unos ratones por montones están en mis cajones!
Vecino 2: ¡Ohhh noooooo… las calles están llenas de ratones!
Vecina: ¡No puede ser, unos ratones se han comido mis quesos!… (llorando) ¡mis quesooos!
Viejito: (Extrañado) ¿Qué, qué unos ratones están dando besos?
Vecina: ¡No abuelo… los ratones se han comido mis quesos, mis quesos) ( llora más fuerte)
Algo extraño algo sucedió…
Vecino3: (Llamando)¡ Beatriz, Beatriz!
Beatriz: Si papá, ¿Qué pasa, que pasa? ….
Vecino3: ¡Mira, los ratones se están comiendo nuestro maíz!
Charapa:¡ Ah no, esto íque yo no soporto cho! Ahorita mismo los boto a estos ratones mequetrefes, debiluchos y feos. (dirigiéndose a ellos) ¡Oigan ratones feos!
Ratón 1: ¿Ehh?
Ratona: (Envalentonada) ¡Ehhh ¿quién es fea eh, quién es fea?
Ratón 2: Si, dinos, ¿quién es feo eh?, ¿quién es feo?( se amontonan más ratones)
Charapa: (asustado) ¡Ehhhhhh…ehhhhh…¡el bufeo!… ¡si, si claro, el bufeo es bien feo cho!, ¡ustedes los ratones son bien bonitos, bonitos, ustedes son ratones guapetones!
Ratones: ¡ Hummm bien te vale, bien te vale, entonces déjanos comer y vete, vete!
Habían ratones por montones
en las casas y en las calles
todos estaban asustados
porque eso nunca había pasado.
Narrador: Así fue pues como el pueblo de Hamelín se llenó de ratones; y entonces sus pobladores, preocupados, empezaron a quejarse y a llorar… y de pronto, en todos surgió una pregunta:
Vecinos: ¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?
Alcalde: (Entrando) ¡Yooo el Chapulín colo… ehhhhhh perdón… yooo el alcalde de Hamelín…si señores, yo el alcalde de Hamelín!
Vecino1: ¡Oiga señor alcalde, tiene usted que hacer algo!
Vecino 2: ¡Si señor alcalde, tiene que hacer algo!
Vecina : ¡Si, ya deje de rascarse la barriga y estar sentándote en su sillón!
Charapa: ¡De acuerdo estoy cho, y ya díganos de una vez que es lo que piensa usted hacer, porque si no hace algo, ishanga* le voy a dar por haragán!
Viejito: ¡Si señor alcalde, usted nos debe dar pan… hasta cuándo vamos a esperar por el pan!
Charapa: ¡Oiga abuelo, yo le dicho al alcalde que no sea haragán!
Alcalde: (Interrumpiendo) Ya vecinos, dejen de hablar, ya se lo que voy a hacer, ya tengo la solución. Voy a llamar al flautista que vive en las montañas.
Alcalde: Amigo flautista.
Flautista: Si, señor alcalde.
Alcalde: ¿Usted puede acabar con estos ratones que han invadido el pueblo?
Flautista: Si, señor alcalde, si puedo.
Alcalde: ¿Y cómo lo va a hacer?
Flautista: Pues con la música de mi flauta atraeré a los ratones. Ellos me seguirán, los conduciré al río, allí caerán al agua y se ahogarán.
Alcalde: Bueno. Amigo flautista, si lo haces, prometo darte mil soles.
Ratón 1: (Extasiado) ¡Uyyy que liiiindooo!
Ratón 2: ¡Ups qué me pasa?… ¡esa melodía, esa melodía, ahhh…!
Ratón 3: (Suspira)
Ratón 4: (Comiendo hasta que de pronto deja de hacerlo) ¿Eh?
Narrador: Y así, todos los ratones fueron saliendo de donde estaban, dejaban de comer y fueron siguiéndole al flautista… y al rato (quejidos de ahogo) todos los ratones terminaron sus días ahogándose en el río. Cuando el pueblo de Hamelín se enteró, esto fue lo que pasó:
Los ratones ya se fueron
los ratones se ahogaron
ya podemos caminar (trabajar)
gracias a un joven flautista
gracias a un joven flautista
¡ya podemos festejar! (celebrar) (bis)
Narrador: Pero algo inesperado ocurrió. Cuando el flautista fue a pedir sus mil soles.
Alcalde: ¡Ehhh…! ¿Cómo pues crees muchacho que te voy dar mil soles por tocar tu flautita un ratito?
Flautista: Pero señor alcalde, usted prometió que…
Alcalde: ¡Nada, yo no prometí nada y ya no hables tanto y mejor vete del pueblo antes que te mande a la cárcel por contestarme y faltar el respeto a la autoridad!
Flautista: Pero señor alcalde…
Vecino 1: (Burlándose) ¡Es mejor que te vayas muchachito!
Vecino 2: (Mirando a todos) Fíjense pues, el creyó que le iban dar mil soles por tocar su flautita (ríen todos).
Narrador: El flautista, triste e indignado, empezó a subir las montañas… cuando de pronto se le ocurrió algo; regresó al pueblo; y al empezar a tocar nuevamente su flauta, esta vez, ya no ratones, sino todos los niños del pueblo fueron saliendo de sus casas y fueron siguiéndolo como si estuvieran encantados. Así fue como rato después, todos los niños siguiendo la melodía del flautista, fueron entrando a una cueva y allí quedaron… ¡encerrados!
Mientras tanto en el pueblo
la vida sin niños no era igual
no se les veía jugar
todos decían: ¡esto está muy mal!
Vecino 1: La culpa la tiene el alcalde por no pagar al flautista.
Vecino 2: Si pues… ¡oiga señor alcalde, pague lo que prometió!
Charapa: ¡Sino pagas cho, te vamos a expulsar del pueblo!
Alcalde: ¡Hummmm esto se está poniendo feo… mejor pago! (Dirigiéndose a la secretaria). ¡Oiga usted secretaria, tome estos mil soles y llévele al flautista que está en las montañas… rápido, rápido, vamos…! (gritos de júbilo de los pobladores)
Secretaria: Amigo flautista, vengo en representación del alcalde… tome usted. (entrega el dinero)
Flautista: Gracias señorita.
Narrador: Y sin perder más tiempo; el flautista y al poco rato el flautista delante de cientos de niños empezó a bajar al pueblo…
Vecino 1: ¡Ahí viene mi hijo!
Vecino 2: ¡Ahí está mi niña!
Charapa: ¡Alaucito*, por allá atrás viene mi ñañito!
Narrador: Y así, todos los padres alegremente fueron recibiendo a sus niños…
Alcalde: Querido amigo flautista; disculpe usted. A partir de hoy prometo cumplir con mi palabra. Les aseguro vecinos que nunca más romperé una promesa.
Viejito: Muy bien, muy bien, señor alcalde, no rompa usted ni una mesa… para qué pues.
Vecina: No abuelito, el alcalde ha dicho que nunca va a romper una promesa.
Viejito: ¡¿Quéééé… el alcalde tiene la mano tiesa?! (Ríen).
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