LA CIUDAD DE LAS NUBES
Los habitantes de la ciudad de las nubes que habían vivido siempre en tranquilidad y paz recibieron un día una visita inesperada. Llegó la señora honestidad, pidiendo asilo. Honestidad, afligida, comenzó a contar que en la tierra se habían olvidado de ella y la mentira se había apoderado del corazón de las personas, ya nadie le tomaba importancia, la ignoraban. Compadecidos y viéndola tan triste, los habitantes de la ciudad de las nubes la recibieron con alegría.
No habían pasado muchos días cuando de pronto otro huésped tocó la puerta. Esta vez era la honradez. También venía alarmada, pues la codicia estaba suelta, y las personas de la Tierra habían perdido la razón. La honradez pidió que la aceptaran también, pues no tenía a dónde ir.
La tolerancia, a su vez, llegó muy asustada, pues la ira también andaba suelta. Así, durante los próximos días fueron llegando cada uno de los valores, ya que la Tierra estaba contaminada: todos los antivalores se estaban apoderando del corazón de los humanos. Los habitantes de las nubes los acogieron con gran alegría, pues ellas estaban ayudando a todos los ciudadanos de las nubes a ser cada día mejores.
Finalmente, llegó la felicidad. Ella contó que todos la buscaban en la Tierra, en discotecas, en playas, bebiendo licor, en tiendas lujosas, en sitios inapropiados y en solitarias calles, pero todos se habían olvidado de buscarla dentro de sí mismos, que es donde realmente reside la felicidad. Pobre felicidad, olvidada en el corazón de los humanos, se sintió muy triste y decidió reunirse con sus amigas en la ciudad de las nubes. Así transcurrieron muchas lunas.
Cierto día, la reina de la ciudad de las nubes se asomó a observar qué había sido de los habitantes de la Tierra. Al bajar la mirada, vio con gran tristeza que la Tierra se había quedado sin habitantes, todos habían desaparecido. Muy preocupada, mandó a algunos de sus súbditos a ver qué había pasado. Al bajar, los súbditos confirmaron que todos se habían autodestruido y habían acabado con su hábitat. Entonces, la reina de las nubes mandó llamar a los dioses de la naturaleza. La reina Lluvia, la reina Tierra, la diosa Luna, el dios Sol acudieron al llamado de la reina de la cuidad de las nubes a contarles lo sucedido. Así, los dioses decidieron recomponer el hábitat, sacarlo de sus cenizas y volverlo a como era antes.
La reina de la cuidad de las nubes envió a unos súbditos para repoblar la Tierra y así comenzar una nueva generación de habitantes. Decidió también que los valores bajasen a la Tierra con la esperanza de que una nueva y mejor generación de humanos hicieran un mundo más bondadoso, más unido y altruista; esperanza que aún hoy la reina tiene, ya que somos nosotros los únicos responsables del futuro de nuestro planeta y nosotros somos los encargados de sembrar para el futuro.
LOS GALLOS ALBOROTADOS
Los gallos alborotados
no se cansan de cantar
¡kikirikikiki kikirikiki!
la noche nos ha mostrado
que un misterio se resolverá
¡ohhhhhh…!
El gallinero se alegra
los pollitos también
¡pio pio pio pio pio pá!
las gallinas hacen coro
para alabar al niño Dios
¡cocorococo cocorococó!
Duérmete mi niño
duérmete mi amor
duérmete pedazo de mi corazón
duérmete chiquito
duérmete mi amor
duérmete pedazo… ¡de mi corazón!



