InicioEDITORIALElecciones del 2026: no deben ganar improvisados | Editorial

Elecciones del 2026: no deben ganar improvisados | Editorial

Este 2026 tiene para el Perú dos escenarios: un proceso electoral para elegir presidente, senadores y diputados para un periodo que va del 2026 al 2031; y, a nivel mundial, el fracaso de la paz en 2025 en la guerra entre Rusia y Ucrania, que posiblemente derive en un escenario de conflicto mayor, en la medida en que aumente el discurso belicista antirruso y las potencias europeas, especialmente Alemania, Francia y Polonia, ingresen a la guerra.

Es necesario agregar el retorno de Estados Unidos a una nueva versión de la Doctrina Monroe, que puede incendiar algunos conflictos, especialmente si se pasa de las amenazas a una invasión del ejército estadounidense a Venezuela con la finalidad de derrocar a Maduro y recuperar lo que Washington considera como su “propiedad”: la reserva de petróleo más grande del mundo.

Este escenario de rearme europeo para enfrentar a Rusia y el bloqueo a Venezuela debe ser un tema central en el debate entre los candidatos que aspiran a gobernar el país, así como entre quienes postulan al Senado y a la Cámara de Diputados. Una guerra entre Rusia y la Unión Europea —en el caso de que Estados Unidos no intervenga y se limite a la venta de armas— afectaría seriamente el comercio mundial, especialmente el suministro de fertilizantes provenientes de Rusia.

Frente al bloqueo de Estados Unidos a Venezuela y la incautación de petroleros, es posible una respuesta de los principales compradores del crudo venezolano, entre ellos China, que desafían el bloqueo y utilizan barcos de su armada para garantizar el traslado del petróleo. No es una fantasía distópica: es la cruda realidad geopolítica que el próximo presidente del Perú heredará el 28 de julio de 2026, para un gobierno que podría desarrollarse en un contexto de guerra global.

En los grandes conflictos anteriores, el Perú y toda América del Sur estuvieron al margen. Esta será la primera vez que el Perú no puede permitirse el lujo de una campaña electoral basada en el corto plazo y al margen del escenario mundial, por una razón fundamental: el megapuerto de Chancay no es una simple obra de infraestructura. Es “la joya de la corona” de una disputa global entre China y Estados Unidos. Si el mundo entra en guerra, el Perú estará justo en la línea de quiebre.

Los ciudadanos debemos exigir, antes de depositar nuestro voto, respuestas claras frente a los problemas de la geopolítica mundial. Ya no es suficiente que se presenten propuestas de seguridad ciudadana u obras de infraestructura. Debemos exigir definiciones claras cuando las superpotencias —especialmente Estados Unidos— exijan lealtad exclusiva, con base en los acuerdos asumidos por el gobierno de Jerí.

A modo de primer borrador, estas serían las preguntas básicas para todo candidato, sea a la Presidencia, al Senado o a la Cámara de Diputados:

¿Deberá el Perú someterse a Washington, con base en el acuerdo de “seguridad en el Pacífico Sur”, si Estados Unidos nos exige elegir entre su protección militar o el comercio con China? Esto incluye el futuro del megapuerto de Chancay y quién lo administraría en caso de un conflicto entre las superpotencias.

La ampliación del conflicto entre Europa y Rusia, que ya no se limita a Ucrania, afectaría el suministro mundial de fertilizantes rusos, perjudicando la agricultura del Perú y de otros países. ¿Cómo enfrentaría una crisis alimentaria que golpearía a la gran mayoría de la población peruana?

La guerra obligará a las potencias a proteger los convoyes que transportan, especialmente, petróleo y minerales estratégicos. En ese escenario, ¿Qué medidas concretas asumiría para mantener al Perú neutral mientras barcos de guerra extranjeros patrullan las rutas de nuestro petróleo y minerales?

Este 2026 vamos a elegir autoridades en un mundo que podría estar en conflicto. En el caso de una invasión a Venezuela, no sería utópico prever que ello generaría respaldos y condenas, dividiría aún más a la ciudadanía y podría provocar enfrentamientos internos. Se necesitará un gobierno capaz de manejar crisis internas de magnitudes inesperadas.

Quien resulte electo deberá ser capaz de administrar una economía al borde del precipicio, con una visión global que amortigüe los golpes que deberán soportar los hogares peruanos. Debemos elegir políticos con visión geopolítica, que entiendan el tablero mundial como ajedrecistas y no como meros administradores de crisis locales.

El Perú, con el megapuerto de Chancay, es un punto crítico en esta crisis mundial. El puerto puede convertirse en un objetivo de interés no solo para China, que busca preservarlo por haberlo construido, sino también para Estados Unidos, que intentaría frenar la expansión del comercio chino hacia América del Sur.

¿Estaremos los peruanos en capacidad de elegir a un presidente, senadores y diputados capaces de llevar al país a buen puerto en medio de la tormenta que podría enfrentar el mundo en 2026 y en los años siguientes, durante el periodo de gobierno de quienes resulten electos en abril de ese año?.

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