Mario Zenitagoya | Otra Mirada
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Es el título del Libro de Luís Murguía, en la que señala que la corrupción en la universidad pública, constituye un hito de singular relevancia debido a la crisis que atraviesa la universidad pública. Exhibe los vericuetos por los que transitan los actores de la corrupción, la suma de habilidades adquiridas, muchas veces al amparo de una normatividad ambigua y aprovechando los vacíos existentes en los procedimientos administrativos.
El autor hace uso de una variedad de fuentes que le permitieron hacer un seguimiento sistemático de la ruta de la corrupción. Nombramientos irregulares, contratos dirigidos, un festín en la emisión de grados académicos; y todo ello previa planificación y acondicionamiento de los recursos humanos e institucionales con que cuenta la universidad. Este aspecto adquiere en algunos pasajes del libro imágenes casi surrealistas debido a la impunidad con que fueron consumados.
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Tal vez una radical reforma universitaria animada por las fuerzas vivas del país, podría restituirle a la universidad pública la titularidad y el protagonismo que se le ha asignado desde su origen. Esa reserva moral que tanta falta nos hace en estas dramáticas coyunturas. Cuando la universidad se aleja de la sociedad, de sus valores superiores y aspiraciones, y se encierra sobre sus muros institucionales, suelen sobrevenir propuestas de intolerancia y delirio ideológico. Recordar, en suma, uno de los principios de la antropología; que la endogamia debilita cualquier tipo de comunidad organizada.
Fabiola Morales Castillo (excongresista) en un artículo suyo publicado en el Diario Expreso (Nov. 2023) señala tácitamente: No cabe duda que en el Perú, como muchos otros países de América Latina y, particularmente, de los países emergentes, los niveles de corrupción son altos; al punto que llegan a infectar no sólo las instituciones públicas –donde el dinero que es de todos, pareciera que no es de nadie–, sino también las instituciones y empresas privadas. Motivo por el cual, se afirma, con razón, que esta lacra es una de las causas del retraso de los pueblos que son ricos en recursos naturales; pero no son capaces de gestionar su desarrollo con equidad.
Las investigaciones y denuncias por corrupción llevadas a cabo por los medios, muchas de las cuales después recoge la Fiscalía, han involucrado hasta la mayoría de nuestros presidentes de la República que gobernaron la nación durante las últimas décadas, quienes están o han pasado por prisión efectiva o domiciliaria y se encuentran inmersos en procesos judiciales o con condena efectiva.
Sin embargo, la institución universitaria, no había sido manchada por la sospecha de corrupción hasta que, el comunicador José Miguel Hidalgo, mostró en el programa Punto Final, una investigación periodística de más de seis meses, denominada “La granja de los científicos bamba” que demostraba cómo algunos académicos recurren a la “compra” de coautorías de “papers” en los “mercados negros” de los países más remotos para hacerse de ascensos y bonos que irían desde un sueldo extra en las universidades públicas y de 5 a 9 mil soles mensuales en las particulares.
La sospecha nació cuando se observó que el número de profesores científicos en el Perú subía exponencialmente y, más aún, cuando Hidalgo pudo averiguar cómo algunos de ellos, mostraban haber realizado 50 investigaciones académicas, en uno o máximo dos años, en coautoría con colegas de lugares tan remotos como Irán, Arabia Saudita, Nepal, entre otros.
La existencia de estas “granjas”, la comprobó el mismo periodista, cuando consiguió que le ofrezcan un lugar como coautor en una investigación de lectoría de niños de cuarto grado en Grecia, a cambio de 550 dólares americanos.
Con este sistema, pareciera que no solo se benefician los docentes mediocres; sino también muchas casas de estudio superiores que sólo buscan estar primeros en los rankings para permanecer en el sistema o atraer a mayor cantidad de alumnado a quienes ofrecen más que una buena formación, un título a nombre de la Nación sin el debido sustento científico. Bastante clara en sus puntos de vista.
Apropósito de este comentario, en nuestro medio, en el mes de setiembre se realizarán las elecciones para elegir las nuevas autoridades de la Universidad Nacional de San Cristóbal de Huamanga. Algunas interrogantes: ¿se siente la presencia de la corrupción? ¿hay honestidad o ética en lo que plantean los candidatos? ¿hay ambición de camino al poder de la Unsch?. ¿hay honestidad en sus campañas? En resumidas cuentas, la Primera Casa de estudios requiere de una reingeniería si se desea llevar nuevamente a su sitial histórico. Se requiere grandes profesionales con alta moral y no mediocres. Los docentes universitarios deben ser el ejemplo digno. Tampoco puede someterse a autoridades políticas que tienen tras de sí una hoja de vida oscura.



