InicioCOLUMNISTASLa estrategia Balcázar | Opinión

La estrategia Balcázar | Opinión

José Mallma | El diario de Polideo
[email protected]

La creciente inestabilidad política del país ha sumado un nuevo capítulo: la censura del ex presidente Jerí y la designación de José María Balcázar como su reemplazo. A puertas de las elecciones generales de abril de 2026, todo indica que estamos ante un gobierno de transición breve, que cederá la posta a quien resulte legalmente elegido en las urnas. Sin embargo, la pregunta de fondo no es cuánto durará este gobierno, sino por qué fue elegido Balcázar.

Sostengo que su designación no responde únicamente a la búsqueda de gobernabilidad inmediata ni a la necesidad de evitar una figura más confrontacional como Maricarmen Alva. La elección de Balcázar constituye, en realidad, una estrategia de los partidos políticos mayoritarios para preservar su poder e influencia en el próximo Parlamento y, eventualmente, en el futuro Ejecutivo. No se trata del “mal menor”, sino de una pieza funcional dentro de un tablero político cuidadosamente diseñado.

El viaje de tres generaciones | Opinión

Para comprender esta hipótesis debemos remontarnos a la caída del gobierno de Pedro Castillo, producida tras una cuestionada vacancia presidencial acompañada de una detención en flagrancia. Desde entonces, un sector de la derecha intentó instalar en la opinión pública la narrativa de que el gobierno de Dina Boluarte era la continuidad directa de Castillo, por el solo hecho de haber integrado su plancha presidencial. Bajo esa lógica, todos los errores y desaciertos de la gestión la represión de las protestas, las denuncias de violaciones de derechos humanos, las muertes de compatriotas a manos de las fuerzas del orden, debían ser endosados a la izquierda como categoría política.

El mensaje fue repetido hasta el hartazgo: el gobierno era de izquierda y, por tanto, todos los males del país le eran imputables. No solo la represión, sino también las leyes procrimen, la captura de instituciones del Estado, la pérdida de autonomía de organismos constitucionales, el despilfarro de fondos públicos y los escándalos de corrupción. La narrativa resultaba funcional: mientras se atribuía el fracaso estatal a una supuesta hegemonía de izquierda, ciertos sectores políticos se lavaban el rostro y se presentaban como la alternativa salvadora.

Sin embargo, la ciudadanía advirtió con rapidez la existencia de un pacto político en el Congreso que sostuvo a Boluarte pese a graves cuestionamientos, presuntas infracciones constitucionales y una crisis de legitimidad evidente. Pero cuando ya no resultó útil Dina Boluarte fue prescindible. Entonces emergió otra figura: José Jerí, cuya gestión no representó un cambio sustancial, sino la continuidad de prácticas políticas que la población conoce demasiado bien. Las denuncias en su contra precipitaron su salida mediante censura congresal.

El sillón de Pizarro quedaba, una vez más, simbólicamente vacante. Y el vacío de poder que en realidad ha sido una constante, volvió a evidenciarse. Hoy el presidente parece una figura decorativa; quien gobierna efectivamente es el Congreso, o mejor dicho, los partidos con mayoría en él. Son los líderes partidarios quienes mueven los hilos de la política nacional. Más de treinta millones de peruanos quedamos, en los hechos, a merced no de los legisladores individualmente considerados, sino de cúpulas partidarias que negocian ministerios, presupuestos y cargos públicos como si se tratara de una repartija del erario.

En ese escenario debía elegirse al nuevo inquilino de Palacio de Gobierno. Tras descartar otras candidaturas, quedaron dos nombres: Maricarmen Alva y José María Balcázar. Ambos movieron sus fichas para reemplazar a Jerí, pero finalmente los votos se inclinaron por Balcázar. ¿Cómo se explica esta decisión en un Congreso dominado por fuerzas de derecha y ultraderecha?

La respuesta, a mi juicio, radica en la cercanía de las elecciones y en lo que denominó la “estrategia Balcázar”. Se busca reeditar una fórmula discursiva: afirmar que la izquierda estuvo en el poder y que, por tanto, el fracaso del Estado durante estos años es consecuencia exclusiva de esa orientación política. Acto seguido, presentarse como la alternativa de derecha que vendría a “rescatar” al país. La operación es sencilla: deslindar responsabilidades y capitalizar el descontento ciudadano. Esto es como cuando Nerón incendió Roma, y utilizo de chivo expiatorio a los cristianos.

Estimado lector, conviene analizar con detenimiento los hechos antes de entregar nuestro voto a quienes pretenden perpetuar un esquema de poder que ha demostrado ser profundamente lesivo para el país. La estrategia Balcázar como otras maniobras, entre ellas la proliferación de partidos satélites o la fragmentación deliberada del escenario político, busca capturar nuevamente el poder bajo una apariencia distinta, pero con los mismos operadores detrás.

Está en nuestras manos impedir que esa continuidad se consolide. La democracia no se agota en elegir autoridades; exige memoria, análisis crítico y responsabilidad ciudadana. Solo así podremos romper el círculo de inestabilidad que ha marcado los últimos años y recuperar un horizonte de institucionalidad real para el Perú.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR