Antonio Camborda | Desde Carolina del Norte, USA
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Cuando Donald Trump, el presidente de Estados Unidos, anunció el inicio de la guerra de los aranceles y proclamó, ese acto, como el “día de la independencia económica” de su país, el ciudadano norteamericano promedio pensó que se trataba de algún nuevo episodio del programa El Aprendiz, que, a lo largo de un lustro, el ahora mandatario, mantuvo en un canal de televisión.
En ese programa, Trump era el dueño y “boss” del mismo, y su frase favorita era “estás despedido” cuando decidía expulsar a alguno de los participantes.
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Las nuevas tarifas ordenadas por Trump van desde un 10 por ciento para la mayoría de países del mundo, 25 por ciento para México y Canadá y hasta 145 por ciento para China, país acusado de ser el mayor exportador y contrabandista de fentanilo, una droga que provoca adicción con letales consecuencias entre los jóvenes consumidores estadounidenses.
China ha rechazado la acusación porque, sencillamente, es tan falsa y no hay prueba alguna de que este comercializando ese fármaco.
La respuesta del gobierno chino ante los anuncios de Trump no se hizo esperar: imponer también aranceles de 145 por ciento a los productos que importa desde Estados Unidos como carne de pollo, aceites, soya y otros alimentos. China es el principal mercado para esos productos. Y la suspensión de la exportación de metales y tierras raras clave en los equipos de alta tecnología.
https://jornada.com.pe/wp-content/uploads/2025/11/02-10-San-Martin-vencio-a-Rebaza-Acosta-por-la-Liga-de-Voley.webptrump-en-retroceso-opinion/
Pero, el golpe más certero ha sido la cancelación de un contrato de compra de aviones Boeing, la emblemática industria de aviación, lo que representa miles de millones de dólares de pérdidas para esa empresa y la imposición de tarifas de 145 por ciento a los aviones fabricados en EEUU.
El anuncio fue seguido de la devolución de un avión Boeing por parte de una empresa china.
La cancelación del contrato con Boeing representa la perdida de miles de millones de dólares para la empresa y la pérdida de miles de puestos de trabajo para miles de ingenieros aeronáuticos (entre otros, diseñadores), ingenieros de motores de propulsión, expertos en la instalación de trenes de decolaje y de aterrizaje, expertos en instalación de equipos de navegación (radares y radios), expertos en aire acondicionado, expertos en fabricación e instalación de los componentes de cabinas climatizadas, etc.
Porque fabricar un avión es mucho más complicado que fabricar un automóvil o un barco, o construir un edificio.
La “guerra de las tarifas” ya tiene un perdedor: Donald Trump. Y seguro que habrá varios victoriosos.
Los perjudicados, al final de cuentas, serán los ciudadanos comunes y corrientes del país del norte que ya han visto subir los precios de productos esenciales, y, al mismo tiempo anaqueles vacíos en supermercados tan populares como la famosa cadena Walmart que tiene centenares de tiendas en este país.



