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martes, julio 23, 2024
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Sobre la inflación en Europa | Opinión

Ascencio Canchari | Figuras y aspectos de la vida mundial
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No, la inflación no es el precio de la libertad, sino el precio del sistema, en su adoración reverencial del lucro como el norte de las actividades y su consiguiente cosificación y mercantilización de la vida entera. Los bancos centrales no están de suerte. Ahora, al desatarse una inflación totalmente inesperada, la autoridad encargada de evitarla, el Banco Central Europeo (BCE) en el caso de la Eurozona, vuelve a responder con recetas que parecen dañar más que curar. También ocurre en Estados Unidos con la Reserva Federal y en otros lugares.

Siguen el mandato que desde el más allá continúa imponiendo el neoliberal Milton Friedman: hay que rebajar la cantidad de dinero disponible para reducir la demanda, es decir, la propensión a comprar, que es la que provoca la subida de los precios. Y eso se hace subiendo el interés que el BCE, o cualquier otro banco central, cobra a los bancos cuando sacan de allí dinero. Y no hay otra. Han pasado ocho meses desde que el BCE inició la subida y la inflación apenas ha bajado. Los precios se incrementaban entonces en la zona euro el 8,9% anual. La inflación subyacente, la que no cuenta ni energía ni alimentos sin elaborar, aumenta cada mes. Es en teoría la que más preocupa al BCE.

Así nació la inflación actual: su motor se puso en marcha casi un año antes de que Rusia iniciase la Operación Militar Especial en Ucrania. El petróleo costaba tres veces más en enero de 2021 que a mediados del año anterior, y aún faltaban 13 meses para el comienzo del ataque ruso. El gas natural se incrementó en ocho meses de 2021 más del doble de su precio. Y faltaban cuatro meses para el conflicto. En ese mismo periodo, el trigo había subido un 30 por ciento en el mercado internacional. Claro. Todas esas materias primas indispensables estaban en plena escalada y la continuaron en medio de los bombardeos. A esto podemos llamarlo la primera ronda inflacionista, de la que pudieron beneficiarse quienes operaban en esos mercados: grandes inversores o grandes corporaciones.

Luego llegó el siguiente efecto: el traslado al consumo de los ciudadanos incrementando el margen comercial y por tanto el margen de beneficio de las empresas. Se dispararon el resto de los precios. Incluso, descontando la energía, la inflación no sólo no ha bajado desde que el BCE comenzó a subir los tipos de interés, sino que ha subido. En el conjunto de la eurozona subía un 5% anual, antes del comienzo de la subida de tipos, ahora lo hace un 7,8%.

La masa monetaria, en términos técnicos el M3, es empleada por los monetaristas para comprobar si hay demasiado dinero en manos del público o no. Si el dinero crece en exceso puede significar que la inflación es debida al aumento de la demanda. Así lo entienden todos los neoliberales, que son los que mandan en el BCE, en la Reserva

Federal y demás. Es el termómetro que explicaría por qué hay inflación y la forma de atajarla: subiendo el tipo de interés, que hace que haya menos dinero en la calle. Pues bien, cuando el BCE decidió subir el tipo de interés, el 27 de julio del año pasado, la masa monetaria, el M3, estaba en el nivel más bajo desde hacía 28 meses.

En 2022 la renta disponible de los hogares, el dinero con que en realidad contaron, subió tan sólo el 3,6 % y la inflación media de todo el año fue del 8,4%, aunque se moderó paulatinamente. La consecuencia es que a los particulares no les llegaba el dinero que ganaban, ya que el gasto que hubieron de hacer los hogares aumentó un 11,5 %. No es que fueran unos derrochadores, es que ese porcentaje se explica por la subida de los precios. Por ello, su ahorro cayó al nivel más bajo desde 2019. La remuneración del conjunto de los trabajadores subió el año pasado al 5,8 %. Aumentó ese porcentaje porque hubo más personas con empleo, pero el sueldo por asalariado creció tan sólo el 2,7 % por ciento. Según la estadística de convenios colectivos.

Esto explica dos cosas. La primera, la demanda, la propensión al consumo, no parece ser la causa de la inflación esta vez. Y la segunda, las empresas ganaron mucho, sus beneficios crecieron claramente por encima de la marcha de la economía y por supuesto de los salarios. La explicación es que se beneficiaron con la subida desproporcionada de los precios, elevando el margen comercial, a costa de los consumidores.

Ahora, al castigo de pagar altos precios por los productos que tienen que comprar, muchos de ellos sufren una doble pena: la subida de sus cuotas para pagar la casa hipotecada como consecuencia de la receta del BCE para bajar los precios. Son cinco millones de viviendas en esa situación, cuya propiedad puede notar que le ha subido un pico. Supongamos una hipoteca por 150.000 euros a pagar en 15 años. El cambio de cuota mensual puede suponer pagar 148 euros más, si la hipoteca es a interés variable.

No es que las autoridades monetarias no sepan estas cosas. Es sencillamente que crecieron con un credo, el neoliberalismo y la ortodoxia monetarista, y de ahí no hay quien los saque. El dogma es el dogma.

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