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La fiesta de Todos los Santos

Y desde la segunda quincena de octubre, las wawas iban desplazando a las chaplas en todos los hornos de la ciudad y en los puestos de venta de panes, en el mercado Carlos F. Vivanco, que era el único de la ciudad.

Y el primero de noviembre, que era el santo de los vivos, todos se ponían sus mejores galas Y había reuniones familiares de festejo y los ahijados iban a la casa de los padrinos, llevando las wawas en azafates plateados o coloridos cubiertos de manteles bordados, para recibir la propina de los padrinos.

Y el día dos, día de los muertos, todos al cementerio, y desde la Plaza de Armas, filas de omnibuses de las empresas de transporte interprovinciales, llamaban “ Al panteón “ , “ Al panteón “ y del cementerio de vuelta a la ciudad “ Al parke “ , “ Al parke “.

Días agitados, vistosos, coloridos y en los que se respiraba un aire festivo que resplandecía en todos los hogares.

Posteriormente y a medida que crecía la ciudad, y se construyó la Alameda de ingreso al Cementerio y desapareció el corredor techado de ingreso, en el que el féretro hacía un último descanso antes de entrar al camposanto y que se conocía jocosamente como “ Cayllapiña “, los todosantos no perdieron su esencia;

degustar chicharrones, puka picante, chorizo, beber cerveza y chicha de jora o de siete semillas y visitar el cementerio llevando flores, haciendo responsos ya sea sólo orando o cantando era lo que caracterizaba esta fiesta; fue en esas épocas, que se comenzaron a armar carpas multicolores adyacentes al cementerio para el expendio de comidas y bebidas, masificándose la fiesta ya no en los hogares sino cerca al cementerio.

Si, habiendo cumplido con visitar la tumba de nuestros padres, Abuelos, hermanos que ya no están, habiendo cumplido con esa sagrada obligación y el espíritu satisfecho, bien valía la pena ( y vale la pena diría yo ) entrar a las carpas, degustar nuestra sabrosa comida regional y disfrutar de la amistad, de los reencuentros y en general festejar y felicitarnos por estar vivos.

Hoy, recordando todo ello, se me viene a la mente Manrique :

“ Recuerde el alma dormida,
Avive el ceso y depierte
Contemplando
como se pasa la vida,
como se viene la muerte
tan callando,
Cuan presto se va el placer…”
cómo, después de acordado ,
da dolor; “.

Y si, en estos dos últimos años, si bien seguimos aferrándonos a nuestra identidad comiendo wawas o enviándolas a nuestros familiares en todo el Perú, ya no hubo el festejo del que hablamos. La pandemia del covid19, lo ha derribado todo; después de haber enterrado a nuestros muertos apurados, a hurtadillas y casi en forma clandestina, hoy ni siquiera los podemos visitar, el cementerio está cerrado, las carpas ya no existen y sigue el peligro latente y ya no hay ganas ni de comer ni de beber y menos de festejar….. Salvo aquellos que se ríen de la muerte y se exponen a morir, con la misma irresponsabilidad con la que viven.

Son pues tiempos amargos los que vivimos.

Ayacucho, Noviembre del 2021

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