Si en un artículo anterior hablábamos de la necesidad de cambios drásticos en el tema de transporte público y de tránsito en general de nuestra ciudad, hoy queremos referirnos a los espacios públicos, entendiendo por estos, todos aquellos lugares en los que tenemos derecho a circular libremente.
Así, son espacios públicos no sólo los parques, sino también las calles, veredas, plazoletas, el atrio de las Iglesias, mercados, campos deportivos, entre otros.
La pandemia que actualmente sufrimos, ha evidenciado como nunca antes, la necesidad de contar con nuevos espacios públicos y de utilizar adecuadamente los que tenemos, convirtiéndose en un asunto de primerísima importancia.
Por ello, debemos tener especial cuidado en temas tan elementales, como el de las veredas y su uso adecuado y racional. Estos espacios destinados a la circulación preferencial y privativa de las personas, son invadidas en nuestra ciudad por vehículos motorizados como lugares de parqueo, o están abandonadas o están incorrectamente diseñadas y construidas para cumplir con su finalidad. Ejemplo, la sexta cuadra del Jr. Dos de Mayo que, soportando un intenso tráfico de vehículos, cuenta con verederas deterioradas, sumamente estrechas, de aproximadamente treinta centímetros de ancho e incluso con postes de alumbrado eléctrico dentro de ellas, y en las que es imposible transitar con algún grado de comodidad.
Las calles del centro histórico giran en torno a la Plaza de Armas y al igual que en ciudades más grandes como las de Arequipa, Cusco o Trujillo, tienen un diseño e influencia colonial muy marcada.
Sin embargo, en estas ciudades que también sufren el incremento de su población, del comercio y del transporte, ya se han iniciado programas creativos de uso adecuado del espacio público, a fin de que la ciudad no sólo sea comercial, sino fundamentalmente vivencial; es decir, que sirvan para vivir en paz, disfrutar de su diseño arquitectónico, de sus casonas con patios amplios, de sus balcones, de sus Iglesias, de las plazoletas y alamedas con las que cuentan.
Las pocas iniciativas de uso adecuado de los espacios públicos en nuestra ciudad, tienen alcances limitados y erráticos, tales como el sembrado de Jacarandas en el Jr. 9 de Diciembre o la eliminación de las rejas de seguridad en la Plaza de Armas. La peatonalización de algunas calles es bastante limitada y no cumple los objetivos de hacer una ciudad más amable, tanto para los vecinos como para los turistas, propiciando más bien, el comercio ambulatorio desenfrenado.
No hay que ser expertos en la materia para ver y constatar los aspectos antes señalados, basta tener sentido común para ello, y apelando precisamente a ello, sería deseable que ahora que se avecina un nuevo proceso electoral para elegir a los aspirantes al Gobierno Regional y local, tengan estos, ideas claras sobre uso adecuado y creativo de espacios públicos, sobre peatonalización integral del centro histórico, la puesta en valor de parques, plazoletas y atrios de las Iglesias, así como sobre la construcción de nuevos espacios públicos, que además de permitir el distanciamiento social, permitan reactivar la economía.
La ciudad de Ayacucho, ha sido reconocida por la Unesco en el año 2019, como ciudad creativa por su artesanía. Sin embargo, ello quedó en el papel y se agudizó como consecuencia de la pandemia. Es hora de retomar ese tema, siguiendo el ejemplo de Trujillo, que recientemente ha creado a nivel municipal, un Centro de Innovación Turístico Artesanal para estandarizar el uso de espacios públicos y está promoviendo un plan de ferias artesanales, que además de preservar su centro histórico, atienda las necesidades de reactivación económica de la artesanía y de los artesanos.



