Desde los historiadores romanos que infundían el miedo por los barbaros fuera de sus fronteras, pasando por las hordas de Gensis Kan que gobernó un vasto imperio mediante la política del miedo, el sistema feudal se asienta sobre el miedo, en épocas turbulentas la gente del pueblo debía someterse al señor Feudal por protección frente a la amenaza de otros feudos, y es por el miedo que alrededor del castillo feudal se asentaban las ciudades obligados a tributar como siervos, no por una contraprestación legitima sino por el temor a dejar de existir a manos los ejércitos en disputa, sacrificando su libertad por seguridad.
Entonces, el miedo siempre ha llevado a limitaciones de derechos, así en la República Romana cuando existían graves amenazas para Roma, el senado designaba un cónsul o dictador para hacer frente esas circunstancias, y fue ese miedo que terminó convirtiendo a la Republica en el Imperio.
A todo esto, la peste negra en la edad media que mermo dos tercios de la población europea, fue también abordado mediante la política del miedo, por la religión católica, miedo a la ira de Dios por nuestros pecados, por lo que ha había que pagar para asegurar el paraíso. Lo que nos lleva a que distintas religiones utilizan la política del miedo en sus feligreses, por lo cual, se conmina actuar conforme sus preceptos de la religión por miedo al castigo divino o que la gracia de Dios no le sea favorable.
Hoy vivimos tiempos en que otras vez, nos encontramos sumidos en el miedo por la pandemia que cada uno enfrenta psicológicamente desde su estructura emocional, y si bien hay que ser cuidadosos y seguir los protocolos para evitar contagiarse y propagar la enfermedad para cuidarnos y cuidar a quienes nos rodean, no es menos cierto que el gobierno apela a la política del miedo.
Porque es más fácil controlar a una población asustada que a unas personas informadas y se exacerba la crisis mediante noticias de miedo y pavor que justifican la restricción de nuestros derechos. Es decir, por miedo estamos dispuesto a sacrificar nuestras libertades a manos de un gobierno que muchas veces no justifica sus medidas.
Los conflictos sociales que estaban surgiendo en varios lugares del país por diversas demandas de la población, fueron acallados mediante la política del miedo, y ahora todos estamos otra vez sumidos en la incertidumbre de que sucederá en los próximos meses.
No niego la existencia de la enfermedad que ha generado la crisis sanitaria, ni el incremento de casos a nivel nacional, pero lo que no estoy de acuerdo es en utilizar la política del miedo para gobernarnos y pretender que obedezcamos las medidas sin pedir explicaciones.
Respecto a las últimas restricciones dispuestas por el gobierno nacional para enfrentar la denominada segunda ola, el ejecutivo debe hacer una evaluación de la efectividad de tales medidas, comprobar cual el impacto que tienen en mitigar la propagación del Covid-19, porque cuando reducimos aforos, adelantamos la hora de inicio del toque de queda o disponemos la inmovilización los domingos, es un costo que vamos asumir los ciudadanos, por tanto, necesitamos saber cuál es el beneficio que se está logrando y si no tiene el resultado esperado replantear por otras medidas.
Nuestra crítica no es contra este gobierno en particular, sino contra todos los gobiernos incluso anteriores a la pandemia que siempre han apelado a la política del miedo para gobernarnos.
Pero no podemos vivir en el miedo y la zozobra, confinados en nuestras casas, sin información viendo como nuestros derechos cada vez son más restringidos. Porque es más fácil gobernar a una nación asustada que un pueblo consiente e informado.



