Edgard Bendezú | El Parque de Fabulinka
[email protected]
Estaba el kachi kachi (libélula) en los campos de Yanama, siempre vigilante de los riachuelos y las criaturas que allí habitan. Aprovechando sus alas que le permitían detenerse en cualquier lugar, haciendo honor al nombre que le daba la gente del lugar: “El helicóptero de la naturaleza”.
-Buenos días, señora y señor sapo, ¿cómo amanecieron sus huevos?- decía.
-Muy bien- respondieron ellos- dentro de poco, habrán más soldados que cuiden los campos.
Raudamente se fue a los pequeños saltamontes verdes, los cuales se perdían entre los pastos frescos.
-Buenos días, pequeños- decía.
Y asomaban unos ojos grandes a la vista, respondiendo con alegría:
-Buenos días Kachi kachi veloz.
Y así pasaba la mañana bajo la vigilancia del señor Kachi kachi.
Pero un día, luego de ausentarse un tiempo, cuando retornó, encontró a sus amigos débiles y enfermos. ¿Qué sucedió? Nadie daba una respuesta.
En su recurrido, ¡oh, no! Encontró a los lugareños lavando sus prendas de vestir con jabones y detergentes dentro del agua corriente. Tantos años en los que se había cuidado el agua, por el bien de la propia gente y de los seres que la habitan; tiempos en los que se usaba taksanay, agua de quinua y las ropitas y el cuerpo terminaban muy limpios y oliendo a pura limpieza. Las personas habían olvidado su deber de cuidarse a sí mismos y a las bellezas de la naturaleza.
Así, como buen vigilante, el Kachi kachi, también como era buen pregonero, visitó casa por casa y les dijo:
-Sino cuidan el agua, todos sufriremos, la pancita se les aflojará, el cuerpo les picará y ya nadie sonreirá.
La gente, le decía: “Pasaway”, pues no les gustaba lo que decía.
-Al menos, nos anunciarías la llegada de una visita como siempre- le decían.
Así fue como meses después, en los baños había colas, todos estaban con dolor, otros paraban rascándose y rascándose. Las personas entendieron el grave daño y retornaron al uso de productos naturales, otros hacían el esfuerzo de llevar el agua a lugares más apropiados para el lavado.
Así pudieron nacer los sapitos vigilantes del campo, los saltamontes alegraban las miradas con un verdor único y el kachi kachi veloz, continuó su trabajo de vigilante y anunciante de buenas noticias.
Leer también: El Parque de Fabulinka 227
Esther Dámaris, Sulca Chávez
Papa, papita nacida en tierra andina
eres la heredera de los inkas
tú nos recuerdas por siempre
la historia de nuestra patria.
Papa, papita niñachay
papa, papita miskichallay.
Papa, papita: niñacha de la pachamama
sé que tú vales más que el oro
tú has cruzado fronteras
calmando el hambre del mundo.
Papa, papita niñachay
papa, papita miskichallay.
Papa, papita: sé que las madres te quieren
saben ya que hay un fogoncito en tu cuerpo
cuando los niños te esperan
tú te entregas con cariño.
Papa, papita niñachay
papa, papita miskichallay.
Leer también: El parque de Fabulinka 226
CONOCER PERSONAJES DE FARÁNDULA NO TIENE VALOR,
SI CONOCES A UN ESCRITOR, ERES TÚ QUIEN TIENE VALOR.
*Solicite Catálogo de libros para el Plan Lector a Ediciones Fabulinka.



