José Mallma | El diario de Polideo
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Cuáles son los secretos del éxito en nuestro país, como aspirar a aquella sublime ilusión del poder y abrazar los confines de la impunidad, mientras el dinero fluye como cancha, la formula parece haber sido descubierta por la clase política y económica que nos gobierna.
No es una cuestión de meritocracia ni habilidad para los negocios o como algunos pretenden hacernos creer, producto de la libertad que nos otorga la Constitución del 93, que hace que todos sean artífices de sus destinos, postdata dicen “el pobre es pobre porque quiere”. Pero la realidad es más turbia y obscena de lo que parece.
La triste verdad es que si quieres impunidad ante el delito hazte político, si quieres evadir impuestos o no respetar los derechos de tus trabajadores hazte político, si quieres vivir del dinero ajeno de todos los peruanos para cubrir tus necesidades más mezquinas hazte político.
La política parece haberse convertido en el refugio de los bandidos, donde todo aquel sin antecedentes no es bienvenido y donde todas las mafias convergen para competir, por quien saquea con mayor y mejor sevicia al país.
Y no hay otro lugar que mejor defina lo que hoy es el Perú como el Chongreso, rebautizado así por los padrastros de la patria al parlamento.
En el país de las contrarreformas, la captura de las instituciones como el TC y la JNJ, la violación de los derechos humanos, la democracia de pantomima y donde los Rolex y CV de las cariñosas son las preventas para lograr las voluntades políticas.
Los partidos políticos se han convertido en esa suerte de gota a gota que asfixia a los ciudadanos, mientras la delincuencia nos acorrala y nos quita las ganas de emprender. La clase política promueve leyes que favorecen la criminalidad organizada, la minería ilegal, la evasión tributaria y dedocracia.
Y la prensa cómplice que calla los crímenes del régimen, permanece obediente a distraer la opinión pública como en los años 90.
Para los que piensan que el problema se resolverá con la caída de la nefasta presidenta que tenemos, se olvidan que ello solo es la punta del iceberg, si queremos un Perú distinto se requiere reformas estructurales de las relaciones de poder.
Un primer paso, seria devolver el poder a los electores, permitiendo la revocatoria de los congresistas y el derecho de veto del 5% de ciudadanos a las leyes funestas, no como una acción de inconstitucionalidad que hoy existe sino una acción directa e irrevocable que no sea inhabilitada por una institución títere del poder.
La recuperación de la democracia, no solo se decidirá en las urnas en el 2026 sino mucho antes en la meditación geniuda, e razonamiento objetivo y la conciencia clarificadora del elector que se dé cuenta más no siempre es mejor, muchos partidos políticos no siempre significa democracia, a veces esos muchos son del mismo color político y se dividen en varias facciones para confundir al elector y luego tejen sus alianzas para perennizarse en el poder.



