InicioCOLUMNISTASRevolución industrial pendiente | Opinión

Revolución industrial pendiente | Opinión

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
[email protected]

Ayacucho y la sierra andina están frente a una encrucijada histórica. Vivieron la transición política del Virreinato a la República, sin una ruptura económica, sin una revolución industrial. Por ello, la feudalidad, la servidumbre, continuaron, y solo cambió el sistema político monárquico. La débil república no pudo hacer una revolución económica por estar enclavado en el extractivismo y el mercantilismo.

Sin esa revolución industrial, sobrevivieron taras sociales como el racismo en lo étnico, servilismo en las relaciones humanas, explotación económica, exclusión en lo social y el gamonalismo disfrazado de modernidad, reproduce las desigualdades históricas y la concentración del poder que sigue sumiendo en el abandono a las masas andinas.

Urge una Revolución Agroindustrial desde las organizaciones campesinas, empresariales y el Estado, que, más allá de una segunda reforma agraria de cambio de régimen de propiedad, resuelva el problema central agrario, es decir que potencie la producción agropecuaria de la pequeña agricultura familiar, desarrolle el mercado interno e impulse las exportaciones, frenando la minería como economía de enclave.

Así, cobra relevancia, el “Plan de industrialización del campo del Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho-FREDEPA”, y su lema: “Agro sí Mina No”; para debatir el desarrollo agrario que nazca del campesino, la tierra y el agua, y no de una actividad primario exportadora que, tras agotar el mineral, deja ecosistemas heridos, perjuicios en la salud y comunidades en el desamparo.

Para el FREDEPA esa Revolución Agroindustrial debe inducir a que todas las instituciones realicen esfuerzos conjuntos que den mayor trascendencia a su intervención, a través de 6 ejes:

1. Desarrollo de Infraestructura hídrica, para ampliar la frontera agrícola y dejar de depender del azar del clima. 2. Asociatividad, fomentando el cooperativismo productivo para fomentar la especialización e incremento de productividad. 3. Sustitución de Importaciones agroalimentarias produciendo lo que consumimos. 4. Especialización territorial, potenciando las ventajas comparativas de cada zona. 5. Financiamiento y tecnificación e integración de la ganadería en el agro. 6. Internacionalización de la producción andina y ayacuchana al mercado global con soberanía.

Fracaso Oscorimista

Sin embargo, esta visión choca con la inacción y miopía de gobiernos regionales, que no lideran este cambio. Así, tras 15 años -de los cuales 11 gobernó Oscorima- la ley por el Parque Industrial de Ayacucho no se implementa desde diciembre 2010. Además, Oscorima al desinstitucionalizar el Estado regional, impide que garantice infraestructura, orden y fomento para viabilizar la revolución industrial.

Modelo agroindustrial: Wiracocha

El FREDEPA no habla de utopías. La empresa Wiracocha demuestra que el capitalismo de producción, con raíz local, es capaz de exportar desde 2008, quinua, kiwicha, amaranto, entre otros productos, a los cinco continentes, articulando a 1,440 pequeños productores. Y rompe la estructura oligárquica y gamonal de concentración de la riqueza. Promueve una distribución más equitativa de la riqueza, y ésta se queda en el territorio, para mayor reinversión y mejora de la calidad de vida del campesinado.

Se está logrando, lamentablemente de manera aislada, calidad internacional con certificaciones orgánicas que demuestran la competitividad del empresario ayacuchano. Y la identidad campesina, del productor andino es parte de una cadena de valor, no un peón. Por ello, el FREDEPA, plantea una estrategia viable para la agroindustrialización del campo, con la creación de una Comisión de Alto Nivel resolutiva con la Presidencia del Consejo de Ministros, Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego-MIDAGRI, GORE, empresarios, organizaciones campesinas y otros actores.

Para ello es necesario resolver conflictos de titulación en el campo, y se genere confianza frente a un MIDAGRI que se percibe con temor. Alcanzar una industrialización como herramienta de liberación económica, política, social, cultural, del campesino, transformándolo en un ciudadano y empresario pleno con derechos, capital y futuro. Ayacucho no puede seguir esperando.

Es hora que el Gobierno Regional despierte de su letargo y ejecute las leyes existentes. Y las candidaturas asuman, recuperen y amplíen propuestas de desarrollo económico transformadoras como las propuestas por el FREDEPA. Hemos notado pocos aportes en esa línea. La república debe ser, por fin, una realidad económica sostenible y desde el campo para los hijos de los Andes, tras impulsar una revolución agroindustrial participativa.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

MÁS POPULAR