Iglesia, el Gobierno Regional, los gobiernos locales involucrados y los gremios representativos de la actividad turística y comercial lleguen a un consenso mínimo, que permita su realización en forma ordenada, sin excesos y que combine la necesidad de preservar la salud y la seguridad de las personas, con la necesidad de que se desarrollen actos litúrgicos como las novenas, misas y procesiones, y las actividades turísticas y comerciales, como las ferias gastronómicas y artesanales, exposiciones, presentaciones artísticas y otras.
Lo primero que debería quedar sentado, es que se trata de un conjunto protocolar, artístico, solemne y cargado de fe, de conmemoración de la vida, pasión y muerte de Jesús, siendo para los católicos y para la mayoría de nuestra población, días de reflexión, de oración y de reafirmación de los valores de humildad, de verdad, de perdón y de solidaridad, que nos enseña la Iglesia Católica.
Sin embargo, la Semana Santa ha trascendido su sentido puramente religioso, y en la actualidad es la actividad económica más importante del año, tanto por la profusión de actividades turísticas y culturales que se desarrollan en torno a ella, como por la llegada de miles de turistas, que dinamizan la actividad comercial, en todas sus manifestaciones.
Ambos aspectos son intrínsecamente importantes y valiosos y deberían desarrollarse armónicamente, pues la una no puede existir sin la otra.
Esto, que en tiempos normales, es una verdad monumental, se agudiza y/o exacerba en tiempos como los actuales, en que continuamos padeciendo la emergencia sanitaria por el Covid-19.
En efecto y como en todo orden de cosas y seguramente por inercia, desidia, abulia o por la ley del mínimo esfuerzo, la situación se ha polarizado entre quienes quieren todo, como si nada pasara, y los que no quieren nada y que se prohíba todo.
Ninguno de dichos extremos es bueno, la Semana Santa que queremos, es la que se desarrolle de modo prudente, respetando las restricciones sanitarias vigentes, vacunación, distanciamiento social y uso de mascarillas.
Estas restricciones sanitarias, por su propia naturaleza, son las que deben gobernar todos los actos conmemorativos de la Semana Santa y son incompatibles con el “pascua toro” y sus últimas deformaciones, fiestas masivas y descontroladas en locales cerrados y durante toda la noche, ferias gastronómicas que se convierten en verdaderos estadios de venta y consumo de licores, corridas de toros, entre otros.
En suma, la Semana Santa, en tiempos de pandemia, debe desarrollarse en forma PRUDENTE, (“persona que piensa acerca de los riesgos posibles que conllevan ciertos acontecimientos o actividades y adecúa o modifica la conducta para no recibir o producir efectos innecesarios”; “virtud cardinal del catolicismo, discernir y distinguir lo que está bien de lo que está mal y actuar en consecuencia”).
Que esto sea así, depende de nosotros mismos y de nuestras Autoridades – que para variar – deberían llegar a consensos mínimos sobre el tema y ser coherentes entre lo que dicen y lo que hacen.
Ayacucho, Marzo del 2022



