Sin lugar a dudas, vivir en la ciudad es mejor que vivir en el campo, más aún, en realidades como la nuestra, en las que el campo se encuentra prácticamente abandonado por el Estado y carece de los más elementales servicios públicos.
Sin embargo, últimamente esta forma de concebir las cosas, viene siendo puesta en cuestión, pues vivir en la ciudad, se está tornando, en un asunto sumamente peligroso para la salud y la vida de las personas.
En efecto, sólo hablando de nuestra ciudad, encontramos que en ella, no se cumplen normas elementales de convivencia civilizada y armónica.
Así, refiriéndonos a las calles, existe una especie de incomprensión de lo que son las veredas, las que existen y han sido construidas para el tránsito de las personas; sin embargo, en nuestra ciudad, se utilizan impunemente para estacionar vehículos, exhibir mercaderías y aún, como letrinas o urinarios públicos, deviniendo en verdaderos focos de infección.
Así mismo, los parques y plazoletas, últimamente se ven invadidas por todo tipo de personas y se utilizan literalmente, para todo; consumir alimentos, beber licor, bailar en grupos, dormir y cometer en las noches verdaderas orgias de consumo de drogas con los consiguientes desmanes, como ha sido denunciado recientemente por los vecinos de la plazoleta de la Magdalena.
Fuera de ello, observamos a diario, cómo, en cualquier lugar y a cualquier hora, se cierran las calles para efectos de construcción, para desarrollar “polladas”, y en carnavales, para hacer cortamontes.
Y en todos esos menesteres, que se multiplican en viviendas particulares, música en volúmenes intolerables, hasta altas horas de la noche y aún hasta la madrugada.
Nulo respeto a los demás, falta de consideración a los vecinos y desconocimiento o transgresión dolosa y por ende criminal, de normas elementales de convivencia social.
Lo mismo sucede en temas de seguridad ciudadana, limpieza pública y contaminación, y de este modo, por obra de los propios vecinos y por la falta de autoridad e incapacidad de gestión de la Autoridad Municipal, la ciudad, a la vista de todos, se viene convirtiendo en tierra de nadie.
No seamos pues insensatos, no destruyamos nuestra ciudad, que si bien es cierto ha crecido y ha cambiado mucho y ha recibido a miles de familias de las provincias y distritos del interior, debe convertirse en un verdadero crisol de nuestra identidad regional, partiendo porque todos cumplamos con las normas de convivencia social a las que nos referimos, y respetemos a las personas y al entorno arquitectónico que nos dejaron los que nos precedieron.
Respeto, respeto mutuo, respeto a los demás, respeto de las Autoridades a los vecinos y respeto de los vecinos a las normas de convivencia social y a las autoridades; la falta clamorosa de ello, nos viene conduciendo al abismo, al imperio de la “ley de la selva”. Es responsabilidad de todos impedirlo.
Ayacucho, Noviembre del 2021



