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La economía de la crisis y la economía de la solidaridad

Para enfrentar esta coyuntura adversa debemos poner en práctica dos conceptos económicos que vengo a denominar “la economía de la crisis y la economía de la solidaridad”.

La economía de la crisis, hace alusión a aquella situación y/o circunstancia socioeconómica, donde las personas como resultado de una crisis económica tienen menor aversión al riesgo de invertir y mayores incentivos para emprender como consecuencia de las necesidades imperantes y el contexto dinámico de la economía.

Por tanto, resultará menos atractivo trabajar a cuenta de terceros y tendrán mayor disposición a desarrollar trabajos independientes. Esto lo puede apreciar por ejemplo en la Argentina, donde la inflación es galopante, a la par de una depreciación acelerada de su moneda, donde la expectativa de ganar un sueldo regular mensual no es un incentivo suficiente para que el trabajador se mantenga en su empleo, prefiriendo emprender un negocio independiente que rinda un ingreso diario, pero constante.

Lo mismo ocurrió en el nuestro país durante la cuarentena por la pandemia de COVID-19, las miles de personas que fueron despedidas o afectadas por la figura de suspensión perfecta de labores, abarrotaron las calles como ambulantes para tratar de vender distintos productos.

Y eso no lleva al reto que tiene el Estado de canalizar esta disposición a emprender de los ciudadanos hacia la formalización mediante la promoción de incentivos claros, sencillos, agiles y no onerosos que permitan destrabar la actividad económica y nos no solamente a una reactivación económica sino a una crecimiento económico sostenible que se traduzca en desarrollo social.

Por otra parte, la economía de la solidaridad, implica ser consciente que lo que afecta a los agentes económicos en el mercado, también repercute en el nuestra economía personal o familiar, por ejemplo, si antes de la pandemia usted encontraba tres pollerías cerca de su casa, de repente ahora encuentra solo 1, eso puede repercutir en el incremento del precio del pollo a la brasa por la falta de competencia que equilibre el precio, y eso se puede dar en todos los sectores.

También, debemos pensar que la microeconomía de las personas y empresas, influye en la macroeconomía del país, que pasa, si las Mypes de mi ciudad o comunidad van quebrando una a una, definitivamente ello va generar muchos efectos económicos y sociales, no solo porque ya no tendré disponible esa oferta, sino por el desempleo directo e indirecto, la interrupción de la cadena de pago a los proveedores y el efecto domino que puede tener la economía, porque todos estamos conectados.

Lo que traería consigo otros costos sociales como agudizar los índices de delincuencia, falta de liquidez de la población para la adquisición de productos y servicios y la paralización de la producción nacional.

Por ello, practicar una economía de solidaridad es apostar por las pequeñas y microempresas, comprándole a la producción nacional, y solventando los servicios y productos que los emprendedores ponen a disposición en el mercado, porque nos atañe a todos salir adelante juntos, cómprale al Perú.

Diario Jornada
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