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La “nueva” Keiko | Opinión

Jesús Ospina | Símbolos y gestos
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Intento explicar la actual metamorfosis de Keiko, cuyo único proyecto de vida es capturar el Estado. La “nueva” Keiko, no es producto de un crecimiento y reingeniería de su personalidad. Ni resultado de un balance autocrítico de sus 20 años de política emergente. No nace del arrepentimiento de quitar presidentes por venganza y poner peleles a su antojo. Entonces, ¿por qué el cambió?

Para la sicoanalista Matilde Caplansky, tras la derrota con Kuczynsky, Keiko demostró una personalidad vengativa, rabiosa, con mayores ansias de poder, sin “ningún amor por el país”, y tampoco solidaria, ni simpática. A su turno, la psicoterapeuta Carmen Gonzales señaló que “ella tiene psicopatía. Una persona psicópata no reconoce culpa, todo lo que hace es a su favor. Estas personas no aprenden de la experiencia y lo trágico es que tienen una forma de ser que aparece como normal”.

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Esa personalidad la llevó a ser tres veces rechazada, pues se presentaba como lo que es, autoritaria, corrupta, mercantilista. Su arrogancia provendría de que nació, creció y aprendió política en la dictadura corrupta de su padre. Al cual hoy quiere emular, repetir, reivindicar. Así, dedica su vida sólo a capturar el poder, con relativo éxito, pues ahora ya controla 6 de 10 instituciones autónomas del Estado.

En política, la percepción podría devorar la realidad. Y como la realidad rechaza a Keiko, pues hay que cambiar la percepción de esa realidad. Y como no hay una ruptura con la “antigua” Keiko, se crea una Keiko dialogante, democrática, inclusiva, resultado de un estudio minucioso, gélido, calculado, del antivoto, y cómo superarlo. Y al estilo Keiko, la nueva imagen se impone vía los medios, el marketing, el engaño.

Pero la nueva Keiko, cercana, horizontal, amorosa, es incoherente con su historial. Y no es creíble su sensibilidad social, cuando apoyó, y sigue respaldando, la ex gestión de Dina Boluarte, que asesinó a 49 personas. Cuando se sabe que pone presidentes, para someterlos y gobernar mercantilista y autoritariamente desde las sombras. Pero el autoritarismo es una fuerza de difícil contención.

Es innegable que Keiko es inteligente, astuta, fuerte, sagaz, y esos talentos -y otros más- los usa para tener poder a cualquier precio y forma. Suplantó a su madre en situación crítica, para ser primera dama. Impidió la liberación de su padre para evitar que le dispute el liderazgo. Su hermano Kenji casi va a prisión por intentar controlar el fujimorismo. ¿Eso la hizo cambiar? No.

Hace semanas intentó usar a su hija sobre el tema del aborto, solo para ser desmentida. Daniel Salaverry, ex aliado, dijo que ella vive de millonarios pagos cada cinco años de empresas a quienes luego, con sus congresistas, les da leyes. Lleva 20 años como samurái fiera y glacial, lo que le permite cohesionar su partido, atraer personalidades oportunistas y débiles, pero también le trae derrotas.

De allí surge la “nueva” Keiko, edulcorada, tierna, dialogante. Quienes la humanizan, son los grupos oligárquicos codiciosos de siempre, que aspiran a recuperar el control del país para ejercer su mercantilismo racista y excluyente. Ya tienen prensa adicta que oculta su espíritu autoritario, su ánima corrupta, su experiencia de usar títeres como gobernantes. Ella misma hace una buena actuación, pues para llegar al poder todo vale, como diría un ministro de su presidenta Boluarte.

El reto para el país, no es atacarla por este cambio artificial, al cual tendría derecho, sino desmantelar lo que ella representa. Keiko no ha cambiado, pues mantiene su equipo mercantilista, autoritario, corrupto, y avanza su vínculo con las oligarquías. Lo bueno es que no se puede convertir de la noche a la mañana una loba y su máquina de guerra, en una oveja sencilla, pacífica, unitaria.

La perspicacia e inteligencia de las clases medias y pobres, están descubriendo el engaño. Pues perciben detrás, a unos lobos que esperan desatar su venganza reprimida, y saciar su hambre de poder absoluto. Si ella cambió de estrategia, Juntos por el Perú, también debe hacerlo. Ello, porque la campaña anticomunista se trasladará a los ataques anónimos y a la construcción de una heroína que se enfrenta a iletrados, incapaces, terroristas.

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