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Lecciones para y por aprender | Opinión

Mario Cueto | Opinión de Miércoles
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El panorama político que presenta nuestro país, se da, coincidentemente, en un año declarado como “de la esperanza y el fortalecimiento de la democracia”, con una realidad contradictoria, insospechada, cuando de consolidación de la democracia, no se percibe nada, con dos presidentes en el primer tercio del año 2026, con riesgo de nueva vacancia, dada la incapacidad del actual inquilino de Palacio de Gobierno, designado por el poderoso e intocable congreso, que para colmo de males, dio un mensaje a la Nación, incoherente, con dosis de mentiras, respecto a la compra de aviones, en un país sin piloto, situación lamentable y agravada, por la serie de desaciertos de la ONPE, en la organización del proceso electoral, situación que me recuerda lo afirmado por Stalin: “No importa quién vota, sino quien cuenta los votos”

Y el año de la esperanza, se torna, nuevamente, en desesperanza por el futuro que nos espera, con dos candidatos, de baja legitimidad, que no son de los mejores, pero, cumpliendo con el deber y derecho de elegir, tenemos que acudir a las urnas, respetando nuestra dignidad, votando con libertad, sin dejarnos dominar por la ignorancia o miedo; con mucha serenidad y llevados por la razón, pese a los tiempos difíciles e injustos que afrontamos, apelando a la ética que nos asiste, en el sentido de tener una coherencia entre lo que se piensa, lo que se dice y se hace; o sea, ejerciendo el voto, con libertad guiada por la razón, no por el fanatismo o por la indiferencia de que gane cualquiera, teniendo en cuenta la polarización, similar al del año 2021; al margen de las orientaciones, de quienes encabezaron las derrotadas planchas presidenciales y, teniendo en cuenta, que política es decencia y docencia, que los dos candidatos, con su trayectoria y actuar, no la practican.

Los resultados para senador y diputados, es otra historia. Es un castigo a quienes, junto a sus partidos, se consideraban ganadores, luego de algunos mítines, con presencia de supuestos partidarios y simpatizantes, cuando en la práctica, se trataba de portátiles, conformados por trabajadores, obreros de diversas obras y otros, obligados a concurrir y demostrar su “apoyo popular”. Los resultados, los desplaza del poder y del escenario político, debido, entre otras razones, al narcisismo que los caracteriza, al considerarse lo mejor, con supuesta trayectoria envidiable, pero carentes de carisma. En otros casos, el transfuguismo permanente que los caracteriza, olvidando que un político, no puede ni debe, en cada proceso electoral, cambiar de camiseta, pues significa que no tiene dignidad ni personalidad, demuestra solo oportunismo, por el apoyo de algún gobernante o autoridad. Finalmente, otra de las causas, es la presencia de partidos políticos, novatos, solamente electoreros, en ocasiones con gente reciclada y, en otros, desconocida por propios y extraños, ignorantes de lo que es política, simples aventureros, es decir sin formación ni trayectoria política.

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