Isaac Bigio | Desde Londres, UK
[email protected]
Por tercera vez Dina Boluarte pidió permiso al Congreso para ir al Vaticano. La primera vez ella pudo ver a Francisco I en octubre 2023, el mismo que posó a su lado poniéndole mala cara pese a que ella fue con un vestido de luto como queriendo disculparse por los cientos de baleados que ocasionó al inicio de su dictadura.
Luego, cuando dicho papa falleció solo 40 de los 130 congresistas votaron a favor de que ella vaya su funeral. La mayoría nacional le demandaba que ella se concentre en resolver los graves problemas de inseguridad ciudadana.
Ahora apenas es sacudida por un paro nacional parcial y se ve obligada a dar paso a su cuarto gabinete, lo primero que hace es pedir ausencia por media semana para ir a la entronización del nuevo Sumo Pontífice. En cierta manera a León XIV le conviene dicha visita pues él llegó a su sitial como portavoz del clero latinoamericano y reivindicando su ciudadanía peruana. Pese a haber nacido en EEUU él no dio su primer discurso ante la plaza
De San Pedro con palabras en inglés, sino en castellano saludando al pueblo chiclayano.
Nunca antes un gobernante peruano ha tenido tantos intentos en ir a la “Santa Sede”. Dina ha buscado ir a esta 3 veces en un lapso de 19 meses, el mismo periodo que dura la guerra de Gaza y su socio y ex-mentor Cerrón sigue siendo protegido para eludir la prisión.
Tanto Dina como León XIV se necesitan. La primera quiere que este le rocíe con un poco, no tanto de agua bendita sino de banco de popularidad. Ella es la única mandataria en la historia universal que llega a tener un 2% de aprobación (y 0% en la región en la cual el actual papa fue antes obispo).
A Robert Prevost no le conviene tanto que le digan que es el primer papa estadounidense pues no quiere aparecer como alguien muy ligado a Donald Trump, a quien ha criticado, ni como que su mega-potencia natal quiere controlarlo todo. A quien nació hace 69 años atrás en Chicago prefiere que se le asocie más con su carrera de haber sido obispo de Chiclayo.
Sin embargo, la iglesia católica anda descontenta con Boluarte y va a aprovechar dicho viaje para mostrar sus distanciamientos, tal y cuál se ha evidenciado cuando Carlos Castillo, el arzobispo de Lima, lo ha hecho notar en distintos sermones.
Roma no va a endosar a quienes buscan echar a Dina y al Congreso con marchas y paralizaciones, mientras buscaría un camino de acuerdos y alguna clase de fórmula para lograr una transición pacífica.
Mientras la bati-chica en los comics persiguió criminales, Dina la vati-chica es alguien quien impulsa a la criminalidad y quiere para sus fechorías buscando la bendición del Vaticano.



