No es fácil dejar atrás siglos de opresión y continuismo en el que nos ha sumido la clase dirigente que ha gobernado el Perú, pero estoy seguro que todos coincidirán en la capacidad transformadora que tiene la educación en la sociedad.
Por ello, la agenda pendiente, debe priorizar la educación, pero no aquella que repita contenidos, memorice conocimientos o replique teorías, sino una educación que nos haga libre, libre de pensamientos e ideas a los ciudadanos, que les permita soñar en el país que quieren construir, que les proporcione todas las herramientas para rediseñar desde sus estructuras una comunidad tolerante, dialogante y equitativa.
Vivimos tiempos donde el mundo globalizado valora mucho más los bienes intangibles que aquellos tangibles, por tanto, es importa entrar en la era de la sociedad del conocimiento, incentivando la innovación, el emprendimiento, la inventiva tecnológica y las creaciones artísticas no como meros programas estatales sino dentro de la curricular educativa desde las etapas más tempranas del ser humana.
Pero para lograr que esas políticas sean inclusivas y lleguen a todos los rincones del país, debemos cerrar las brechas de desigualdades materiales y morales que todavía persisten en la sociedad peruana.
Para ello debemos integrar a todo nuestro territorio con infraestructura de transporte terrestre, ferroviario, aéreo y fluvial, debemos revivir la cultura del uso de trenes en nuestra basta geografía y elegir el medio más eficiente llegar a los lugares más lejanos haciendo presente la soberanía estatal mediante la dotación de servicios públicos.
A su vez, se requiere la conectividad nacional de los servicios de telecomunicaciones, haciendo que el acceso al Internet constituya un derecho fundamental de todo ciudadano peruano y que el acceso universal y calidad de ese servicio sea un trabajo compartido entre las empresas y el Estado, mediante un principio de solidaridad causalistica, que se debe entender como sembrar hoy para luego cosechar en el futuro.
Sembramos cuando incorporamos poblaciones alejadas a los servicios esenciales y luego, esas poblaciones mejor atendidas contribuirán de manera más efectiva al PBI nacional.
A su vez, necesitamos atender la salud como un derecho integral e interdependiente de otras condiciones, no solo como un proceso reactivo de curar al enfermo, sino avanzar en la promoción y prevención de las enfermedades, mediante hábitos saludables y alimentación nutritiva.
Unificando el sistema de salud en una institución que pueda gestionar de manera eficaz y eficiente todas las capacidades de los recursos materiales y humanos para salvaguardar el bien jurídico no solo de la salud público sino la salud individual que comprende el plano físico, psicológico y social que ha sido abandono por el Estado.
Finalmente, debemos aprovechar la diversidad biológica y cultural mediante la protección de los conocimientos tradicionales y recursos biológicos contemplando la participación de las comunidades nativas y campesinas en los beneficios que se obtenga con su explotación de forma directa con regalías o indirecta a través de obras públicas sin que se afecte su forma de vida.
En suma estimados lectores, el Perú que todo queremos, lo construimos todos cada día, no depende de un gobernante ni el Estado, sino la suma de las pequeñas contribuciones que todos hacemos a lo largo de nuestras vidas y por tanto para dar significado a nuestra existencia estamos llamado a dejar nuestro legado para las futuras generaciones. Felices fiestas patrias y que viva el Perú.



