Es criollada cuando nos saltamos la cola en los bancos, instituciones o en cualquier trámite valiéndonos de las influencias o amistades, porque nuestro tiempo es más importante que el resto o cuando nos saltamos la cola en el trafico pasando por cualquier medio, porque nuestra apuro tiene más valor que el resto.
Entonces, como podemos escandalizarnos del vacunagate en una sociedad donde hemos normalizado la corrupción, donde se debe pagar o ser amigo de alguien para ganar un puesto de trabajo, licitación de contratos u obras o simplemente vacunarnos antes que los demás.
Los hermanitos de la salud que integran la lista de vacunados irregularmente no es más que la secuela del escándalo del año 2018, con los audios de la vergüenza del CNM, que destapo la existencia de los hermanitos de cuello blanco integrado por jueces, fiscales, políticos y empresarios que buscaban capturar las instituciones públicas para sus fines personales y partidarios.
Es decir, que el tráfico de influencias es la puerta de entrada a la pequeña y gran corrupción en nuestro país, las cofradías que se forman entorno a diversos intereses subalternos relegan el bienestar general.
Los hermanitos de la salud, no son ajenos a esa dinámica, ya que las personas se vinculan entre afines y crean relaciones de amistad, esas relaciones escalan con la confianza y luego se convierten en un círculo cerrado, donde pueden depositar sus intereses, aunque ellos sean contrarios a la ley.
Nos cubrimos las espaldas y nos hacemos favores que luego serán recompensados, así pensamos todos, y desde luego, el pago recibido será proporcional al nivel de poder económico y políticos de los miembros de ese círculo cercano.
Los puestos, contratos y privilegios giran en torno a ellos, los altos funcionarios son los mismos, que solo van cambiando de una institución a otra, rotando por ese botín que se llama el Estado. No importa la bandera política ni ideológica, porque son camaleónicos se mimetizan con el ambiente y permanece impunes a cualquier purga o reforma.
La burocracia de nuestra nación, en vez que ser sinónimo de eficiencia, celeridad y eficacia en sus actuaciones, termina entorpeciendo las buenas intenciones de cualquier gobierno, porque están enquistado en ella, los grandes fantasmas del pasado, aquellos encomenderos y corregidores que ven al Perú como su concesión privada.
No son mártires de la salud señores, aquellos que dicen que se inocularon un proyecto de vacuna asumiendo el riesgo y aquellos pseudos consultores que no solo se vacunaron ellos sino también sus familias, y el personal relacionado que se convertía automáticamente en los
elegidos por tener contacto con los investigadores, ya hubiera querido miles de compatriotas entre médicos, personal de salud y ancianos que murieron en la pandemia haberse topado con los investigadores del ensayo para recibir su dosis de la vacuna y no acabar sus días por falta de camas UCI o un balón de oxígeno que los socorriera.
Se debe investigar y sancionar a los responsables, que no solo faltaron a normas éticas sino a leyes regulatorias de medicamentos y contratación del Estado, pero más importante aún debemos tomar lección y acciones oportunas para evitar se repitan estos hechos en el futuro y poner fin a estos lamentables episodios de nuestra historia, solo así podremos celebrar el bicentenario de nuestra gran patria.



